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La bipolaridad: entre la aceptación, la estigmatización y el desconocimiento

Este 30 de marzo se conmemora el Día Mundial del Trastorno Bipolar. En Nicaragua poco se sabe o poco se habla correctamente sobre esta condición

Cuando a Gloria le diagnosticaron el trastorno bipolar, hace casi 11 años, la narrativa de esta enfermedad se enfocaba en un «problema privado», que debía ser «escondido» lo mejor posible de la sociedad, que en lo que verdaderamente significaba ser una persona neurodivergente, comenta Gloria, ahora de 32 años y con un mayor conocimiento sobre el tema.

Su diagnóstico ocurrió iniciando la carrera de diseñadora gráfica, en ese entonces se topó con personas que miraban su bipolaridad como un problema para ejercer un trabajo. «Llegó a mis oídos de la manera más grotesca que una empresaria con mucha más trayectoria que yo se refería a sus sospechas de que yo tenía un diagnóstico psiquiátrico, incluso aconsejó a mi superior de ese momento en buscar una excusa para despedirme», cuenta.

Para entender el término neurodivergente, Gloria explica que la comunidad autista creó el «movimiento de la neurodiversidad” en el que plantea que el autismo, más que una patología, es parte de la diversidad neurológica natural de los seres humanos. Es así que este concepto también abarca otros trastornos, como la bipolaridad.

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Para Gloria, poder descubrir este movimiento le ha dado «una dimensión mucho más positiva en cómo veo mi bipolaridad». Además, venir de una familia en la que varios de sus miembros tienen neurodivergencias, también hizo que «mis diferencias neurológicas me resultan bastantes naturales y parte de la herencia de mis familias, así como los rasgos físicos que me hacen pertenecer a mi familia».

«Creo que poder verlo más allá de las dimensiones ‘problemáticas’ y también reconocer las fortalezas que pueden poseer los cerebros neurodivergentes, humaniza muchísimo más estas condiciones que siguen siendo absolutamente estigmatizadas en sociedades como la nicaragüense», expone Gloria. 

Falta de sensibilidad por falta de conocimiento

La bipolaridad se entiende como un cambio abrupto de la personalidad o el estado de ánimo en el transcurso de un tiempo. «Estamos tranquilos y por la tarde, de pronto, estamos muy molestos, los cambios de comportamientos tienen que ver con los extremos que ocurren en periodos cortos», explica el psicólogo clínico Roberto Ordóñez.

«El trastorno bipolar es una enfermedad que origina cambios importantes del estado de ánimo, que van desde una infelicidad profunda a un estado de euforia intensa, o estados mixtos en los que la excitación se mezcla con sentimientos de profunda tristeza. En algunas ocasiones es como vivir una montaña rusa que nunca se apaga, que cansa, que agota y que nunca se le ve un fin. La depresión o la hipomanía o manía, pueden presentarse durante semanas o meses y muchas veces puede incapacitar el funcionamiento de una persona», expuso recientemente por su parte la psicoterapeuta Amanda Maltez.

Hablar del trastorno bipolar en Nicaragua —en el marco del Día Mundial del Trastorno Bipolar, este 30 de marzo— es algo inusual entre la población y cuando se hace puede ser de forma errática, tanto que las personas utilizan este término bipolar como «un lenguaje común» para describir a un individuo, refiere el psicólogo, pero verdaderamente desconocen lo que significa, las causas y los problemas que puede generar a nivel social, intelectual y de personalidad.

«Creo que el día del trastorno bipolar puede crear una gran oportunidad para apreciar las otras formas de ser que tenemos los seres humanos, y a celebrar nuestras diferencias, y apreciar también las fortalezas de estas diferencias», reflexiona Gloria.

Sin embargo, el psicólogo declara que debido a la poca información o campaña educativa que hay sobre este tema, la mayoría de las personas confunden la bipolaridad con el trastorno maniático depresivo, depresión o ansiedad. Este desconocimiento conlleva a que muchas personas estén sufriendo algo similar y no se den cuenta, y están viviendo afectaciones personales, sociales, matrimoniales sin enterarse que tienen un problema mental y deben ser tratados.

«La bipolaridad se confunde con el trastorno maniático depresivo porque tiene que ver con esa línea de que está feliz un tiempo y luego no está feliz, la diferencia es que el maniático depresivo tiene que ver con una duración de días o semanas, la bipolaridad tiene momentos más cortos, que puede ser en los casos más difíciles por horas. El detalle es que es constante y se maneja como un trastorno porque es permanente y afecta la capacidad del individuo, porque generalmente van perdurando más los periodos de enojo y depresivos que los momentos de tranquilidad», aclara Ordóñez.

De acuerdo con el Ministerio de Salud (Minsa), desde el 2017 las enfermedades psiquiátricas ocupan el octavo puesto entre los padecimientos más comunes de los nicaragüenses. En el 2021 y 2020 se registraron 18,258 y 14,594 casos respectivamente, un considerable aumento si se toma en cuenta que en el 2019 el total de casos fue de 8,797.

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El psicólogo señala que estas cifras son aún mayores porque no incluyen las del sector privado y a los casos que no son diagnosticados o tienen un diagnóstico equivocado. En cuanto al aumento de los casos en los últimos dos años, el especialista afirma que la pandemia incidió en ello.

En su consultorio, las consultas por depresión y ansiedad en jóvenes y adultos han crecido, y en la mayoría de los casos donde las personas resultan con un diagnóstico de bipolaridad, el paciente llega creyendo que tiene que ver con problemas de estrés o depresión.

«La gente llega (a consulta) porque cree que tiene un problema depresivo o estrés, pero cuando empezamos a trabajar y hacemos estudios clínicos, nos encontramos que hay bipolaridad y la gente no maneja este concepto (…) Por el propio desconocimiento muchos jóvenes tratan (la bipolaridad) por medio del alcohol o vidas imaginarias», expone el psicólogo.

Ser bipolar en una sociedad que no entiende las diferencias

Gloria expresa que hasta el día de hoy, «en Nicaragua se sigue viendo la bipolaridad de maneras súper negativas». Ella confiesa que entre sus experiencias está el abuso de las personas para justificar sus malos tratos, como despidos e incluso la violencia y disputa por la custodia de hijos, debido al trastorno bipolar.

«El día de hoy muchas personas que sospechan tener el diagnóstico prefieren sufrir en silencio que sentirse ‘etiquetados’ con un diagnóstico del cual solo tienen el conocimiento que la cultura pop representa en los medios, que las personas bipolares son: mentirosas, agresivas, incapaces de tener relaciones sanas, inestables todo el tiempo, que no pueden ser personas confiables, y muchos otros mitos más que se siguen llevando a la pantalla grande y chica, y todavía esta condición sigue siendo utilizada para agregarle sensacionalismo a personajes antagónicos», dice Gloria, quien junto a su amiga Amanda —también bipolar— crearon el perfil Cada loca con su tema, en Instagram.

En ese espacio, Gloria y Amanda expresan lo que no dice un médico, un especialista, un medio de comunicación o la televisión. A través de escritos, en vivos, videos o podcasts, ellas le enseñan al mundo cómo puede verse y vivirse la bipolaridad con responsabilidad personal, con necesidades cubiertas, cómo son miembros valiosos de la sociedad que tienen mucho que aportar desde sus puntos de vista, y del cómo la plenitud para las personas bipolares no es tan diferente a la plenitud de personas neurotípicas, es decir quienes no padecen ningún trastorno o no tienen alguna condición neurológica en particular.

«Creo que hablar sobre mi bipolaridad desde todas las dimensiones en las que afecta mi vida, ayuda a la gente a sacarse de la cabeza que la bipolaridad es una enfermedad plana y terrible. Las personas bipolares somos una constelación de cosas más allá de nuestra bipolaridad y de echar abajo muchos mitos que persisten», destaca Gloria.

Tome en cuenta

El psicólogo Ordóñez manifiesta que en la mayoría de los diagnósticos de bipolaridad, la causa principal es la vivencia de un trauma, la violencia intrafamiliar, el abuso infantil o algún accidente traumático; aunque también refiere que estudios revelan que este trastorno es multicausal, por lo que también puede ser congénito, tal y como es el caso de Gloria.

Ordóñez recomienda que para prevenir que los menores de edad puedan caer en algún tipo de problema mental en su adultez, se debe proveerle una buena infancia, educación sin violencia, ambiente familiar estable, cuidarlo de experiencias traumante como violencia sexual, al mismo tiempo educarlos para ser resilientes. En los adultos aconseja el autocuidado, tener redes de apoyo, buena alimentación, ejercicios, trabajar en su espiritualidad, y cuando la persona se siente mal, buscar ayuda para poder salir prontamente de esa crisis y no agudizarla.

«Cuando estos cambios son constantes y va más de tres a seis meses de una manera permanente, entonces podemos creer que estamos frente a un problema de salud mental. Los cambios que yo no puedo controlar y que no tienen que ver con crisis ansiosas, y que ocurren demasiado en el día y que van afectando actividades básicas como el sueño, alimentación, trabajo, son criterios que deberían preocupar y buscar especialistas en salud mental», aconseja el psicólogo.

Generalmente, las personas con bipolaridad deben ir a un tratamiento multidisciplinario, donde se acude al psiquiatra, para que dé los fármacos necesarios para el estado anímico; y un psicólogo para que a través de la terapia vaya proporcionando herramientas de ayuda al paciente o este vaya descubriendo sus herramientas para enfrentar las crisis.

Por su parte, Gloria asegura que llevar una terapia psicofarmacológica en Nicaragua resulta complicado por el desabastecimiento intermitente del sector salud y porque no hay un lugar acondicionado para este tipo de pacientes. «Nicaragua no es un país que cuide la salud mental de sus habitantes, y mucho menos de sus habitantes con distintos tipos de condiciones, incluyendo la bipolaridad», declara.

A esta situación se suma la escasez de personal médico calificado para diagnosticar y dar seguimiento y el alto costo para acceder a un psiquiatra. Es por ello que Gloria aprovecha el alcance de las redes sociales para hacer conciencia en la sociedad y orientar a aquel paciente recién diagnosticado.

«He tomado la decisión de seguir compartiendo mi experiencia en redes sociales con la bipolaridad porque aunque ya no resido físicamente en Nicaragua, conozco muy bien los retos que viven las personas bipolares en mi país, y la lucha que es encontrar información sobre este tema», dice Gloria.

Según la Organización Mundial de la Salud, este trastorno afecta a alrededor de 45 millones de personas en todo el mundo. «Se dice que la bipolaridad es como la ansiedad o depresión, no se cura pero se regula de tal manera que la crisis va disminuyendo con el tiempo hasta ser casi inexistente, y que la persona tendrá las herramientas necesarias para enfrentar esta crisis. Es decir, cuando se tienen las herramientas para afrontarlo, ya dejan de ser un problema y eso es lo importante», concluyó el psicólogo Ordóñez.

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