Más de un año de pandemia por el Covid-19, sumado a los malestares sociales y políticos que Nicaragua viene arrastrando desde el 2018 y la incertidumbre de lo que se espera en el país al cierre de un año electoral, son factores que han incidido para que la salud mental de la población presente un «franco deterioro», al punto de conducir a las personas a pensamientos o intentos suicidas, alerta el licenciado Javier Barreto, miembro del Comité Científico Multidisciplinario.
«La salud de los nicaragüenses está en franco deterioro, porque desde el 2018 comenzamos a ver síntomas de ansiedad, depresión, estrés, abuso de sustancias y aumento de violencia intrafamiliar, suicidio, así como problemas de sueño. Cuando una situación de estrés es mantenida, lo que estamos haciendo es reactivando el malestar», explicó el psicólogo.
El experto manifestó que si bien la pandemia ha provocado muchas pérdidas humanas, sufrimiento y estrés, las familias deben centrarse en ayudar a ese pariente que está atravesando un momento de negación o culpabilidad por el fallecimiento de un ser querido. Barreto sostiene que establecer medidas de prevención ante pensamientos suicidas es importante.
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En reiteradas ocasiones la Organización Panamericana de la Salud ha asegurado que la pandemia está afectando la salud mental de muchas personas y llamó a los gobiernos a abordar este tema de forma abierta y aprender a identificar los signos de advertencia para prevenir otras crisis. El licenciado Barreto señala que hasta la fecha el gobierno de Daniel Ortega sigue sin implementar programas enfocados en la salud mental.
Ojo con las señales de alerta
El licenciado Barreto compartió algunas señales que podría manifestar una persona depresiva y que tiende a pensamientos suicidas, de las cuales las familias deben estar atentas a identificar.
Como punto inicial el especialista llamó a estar pendiente de las «verbalizaciones» que la persona expresa directamente, como los cambios de comportamiento, estados de ánimo y decir de manera muy clara que «‘me quiero suicidar, me voy a suicidar, desearía estar muerto, esta vida no tiene sentido para mí’».
«Otras verbalizaciones es escribir poemas, cartas, separación o pérdidas. A nivel de comportamiento también se debe estar pendiente si la persona está interesada en comprar algunos medios para suicidarse como armas o almacenar pastillas. También hay una tendencia a aislarse, una pérdida en el deseo de hacer actividades que antes le gustaba hacer», explicó el experto.
Barreto es enfático en decir que la familia juega un papel fundamental en la prevención del suicidio «y es no dejando sola a la persona, se trata de acompañarlos sin juzgarlos. Uno de los problemas son estas ideas, que a una persona le da miedo hablar del suicidio. Es importante acercarnos a esa persona y no hacerlos culpables, ni hay que minimizar o invalidar sus sentimientos o emociones», compartió.
Duelo y sentimiento de culpa
Según el psicólogo, la pandemia ha generado una gran cantidad de duelos a las familias, y estos traen consigo sentimientos de culpabilidad, ocasionando a la persona una sensación de depresión y en los extremos un intenso deseo de morir. Alertó que cargar con la muerte de un ser querido es dañino para la salud mental.
«A un año de pandemia hay personas que pueden presentar todavía algunas manifestaciones de duelo. En estos casos específicos las personas se sienten enojadas, frustradas por la muerte de un familiar, quizás por sentir que no pudo contribuir en el bienestar de ese ser querido, a veces no quieren ningún recordatorio de ese familiar fallecido, entonces es cuando la familia más cerca debe estar. Es importante hacernos sentir, que esa persona sepa que estamos ahí para ellos y que puede contar con nosotros», reflexionó el experto.
De acuerdo con la OPS, en América Latina la mayoría de los suicidios se dan en una población entre los 25 y 44 años (36 %) y en aquellas personas entre los 45 y 59 años (26 %). Con base en datos del 2016, en la región se estima que aproximadamente 100 mil personas se quitan la vida anualmente.
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Si bien Nicaragua todavía no alcanza los niveles de contagios y muertes por Covid-19 como en la primera ola —entre mayo y junio de 2020— lo cierto es que actualmente el país está viviendo un aumento significativo de casos, incremento de hospitalizaciones y en algunos lugares hasta se están comenzando a registrar entierros exprés. Este escenario también podría exacerbar los niveles de depresión y estrés en la población.
Y ante la falta de acompañamiento gubernamental, el especialista advierte que, aún saliendo de la pandemia, en la población «van a quedar serios problemas en la salud mental», por lo que apeló a la ciudadanía afrontar esta situación con madurez y responsabilidad.