Nadie quiere la guerra, ni en Nicaragua ni en Estados Unidos ni en Europa ni en ningún confín del mundo. Pero nuevamente estalló y ya hay muertos y daños irreparables, en la Ucrania vecina a Rusia y asediada por el nuevo engendro del fascismo, Vladímir Putin, quien ya aspira a coronarse como el nuevo emperador de la Tierra y a quien se debe condenar junto a quienes lo apoyen por esta nueva catástrofe a la que está llevando a la humanidad, sin saber hasta dónde van a llegar las consecuencias, pues las vicisitudes de una guerra nuclear están a la vista, sobre todo ante el cerebro de este nuevo zar de la violencia
Pero ante todo un gramo de esperanza y fortaleza: la fotografía del presidente invadido, Volodimir Zelensky, al frente de sus tropas luchando junto a sus soldados, llena nuestras expectativas de que ese país agredido no estará solo en esta contienda, pues el admirable ejemplo de su mandatario ha inundado las redes y a la opinión pública de gran admiración y fe en la defensa de las causas justas, en esta guerra que ciertamente no es nuestra.
Cuando vi en las noticias al presidente, al primer ciudadano ucraniano Zelensky, con casco de guerra, traje de fatiga y pertrechado junto a sus tropas en primera línea, como lo hacían en la antigüedad los príncipes, reyes y emperadores y de donde nacían sus glorias para la eternidad, solo pensé en los pobres mandatarios de la izquierda comunista castro-chavista que tenemos en Latinoamérica, a quienes desde Fidel Castro a Daniel Ortega, jamás combatieron a sus enemigos en ningún campo de batalla, y quienes representaron y representan en lo personal una cobardía sin límites para enfrentar con la valentía que se requiere y las armas en la mano (no para haber posado), en sus viejas y decrépitas revoluciones. Donde tampoco, estoy segura, veremos al zar ruso enfrentándose ante un pelotón de combate o bien, dando el ejemplo desde una trinchera de lucha, en esta nueva guerra innecesaria y catastrófica.
Si bien es cierto que todo lo que acontece a la humanidad en cualquier parte del mundo debe ser motivo de alegría o preocupación para cualquier ciudadano, en el caso de esta guerra países pequeños como Nicaragua, ya con mil problemas que resolver ante las oprobiosas actitudes autoritarias de la dictadura de Daniel Ortega (de la que debemos salir), con un país en guerra desigual y acoso constante de parte de quienes nos desgobiernan, con un pueblo en el éxodo y otro atemorizado por la bota autoritaria y con una crisis económica galopante que ya no ajusta para la comida en los bolsillos del pueblo humilde, Nicaragua como el resto de países castro-chavistas como Venezuela y Cuba, nada tenemos que ver con los desenfoques de Putin para llevar al mundo a un momento de tensión política negativa, otra vez enfrentados a una guerra lejana, absurda e innecesaria, en la que se juegan intereses imperiales de la Rusia con resabios soviéticos, en donde los actores principales vienen a ser por protocolos de potencias e intereses de la geopolítica, Estados Unidos, la Unión Europea, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (la OTAN) y demás líderes de la economía mundial. Ante esta realidad la pobre patria de Rubén Darío no hace más que quedar en el ridículo más solemne al «solidarizarse» con el invasor.
Por supuesto que tanto Ortega como Maduro y Díaz-Canel saben que están más que con la soga al cuello, con pleno deterioro y bancarrota en sus economías y con una causa, la de la lucha contra «el imperialismo norteamericano» que cada vez les es menos creíble por sus pueblos, y que el final de sus días se aproxima. Por eso ahora se vuelven más aliados de la China continental y de los países con resabios del viejo comunismo, anunciando megainversiones, nuevas alianzas y nuevas estrategias, pero al final dicho acercamiento no les llevará a nada, como el apoyo a esta guerra que es ajena a nuestras vidas como latinoamericanos, a no ser por el hecho lambiscón de acercarnos a una potencia que por contradecir a Estados Unidos y ser pobres instrumentos satelitales en una guerra de potencias, crean que les dejará beneficios.
¡Adelante presidente Zelenski, su lucha no será en vano!
La autora es empresaria, líder comunitaria y defensora de los Derechos Humanos. Estadounidense de origen nicaragüense, recientemente se postuló al cargo de comisionada por el Condado de Miami Dade.