Próspero González ya en la recta final de su carrera, jugando la inicial con los Tigres. LA PRENSA/ARCHIVO

La actual faceta de Próspero González, «el heredero de Pablo Juárez»

Prospero González es ahora el coach de bateo de los Tigres en el Pomares y a diferencia de aquellos años, en los cuales el talento abundaba en el conjunto, ahora se vive una etapa de transición

Después de impactar en el beisbol juvenil a inicios de los ochenta, la gran ilusión de Próspero González era tener una oportunidad en Primera División. Sin embargo, tras cerrársele las puertas en León, se movió a Chinandega sin imaginar que ahí escribiría uno de los capítulos más brillantes en la historia del beisbol nacional, gracias a su poder al bate y la a durabilidad de su físico.

“Ahora puede ver hacia atrás y me enorgullece lo que hice”, señala el exartillero, que tiene el récord de más hits conectados en nuestro país con 1,870, que es segundo en jonrones con 260, solo detrás de Ernesto López (319) y que, junto a Nemesio Porras, son los únicos con trayectorias de más de mil carreras anotadas (1,067) y más de mil empujadas (1,196) en el beisbol superior.

Sin embargo, los promedios ofensivos en sus primeras cinco temporadas fueron .242, .000, .224, .245 y .258, pero el regreso de Argelio Córdoba a Nicaragua en 1985 fue una bendición para él, pues le brindó la confianza que necesitaba y tras 27 temporadas en Primera División, se retiró bateando .321, 14 veces voló sobre los .300 y en seis ocasiones tuvo 20 o más jonrones.

“Esas dificultades que tuve al inicio de mi carrera, me sirven para comprender a todos estos chavalos que tenemos ahora en el equipo de Chinandega y que están deseosos de mejorar. Así vine yo a este equipo, con muchas ilusiones y asustado al ver a Cayetano García, Julio Espinoza, Cruz Ulloa, Alfonso Catín y sobre todo a don Pablo Juárez”, señala Próspero.

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El extoletero afirma que, además de Argelio, en aquellos días encontró en Juárez un gran aliado, que lejos de sentir envidia, se dedicó a apoyarlo. Pablo lo animaba tras los días malos y una vez que entró en confianza, le gustaba apostar (a veces la comida) sobre quién bateaba más hits en un partido o quién empujaba más carreras y eso le despejó el camino hacia el éxito.

“Recuerdo que cuando Pablo decidió irse a Estados Unidos en 1992, dio unas declaraciones que no recuerdo si fue a El Nuevo Diario o Barricada y decía que se iba contento porque el equipo ya tenía su sucesor y era yo. Esas palabras me llenaron de mucha alegría y decidí ponerle más empeño a mi trabajo porque ya la gente comenzaba a compararnos, algo que no me gusta”, dice.  

González es ahora el coach de bateo de los Tigres en el Pomares y a diferencia de aquellos años, en los cuales el talento abundaba en el conjunto, ahora se vive una etapa de transición con al menos 15 jugadores menores de 23 años y por lo menos seis menores de 20, pero no pierde la esperanza de que podrán salir a flote a pesar de la falta de experiencia de muchos de ellos.

“El equipo es joven, pero hay talento. A veces me encuentro gente en la calle que me dice, ‘ese equipito es débil, no va a llegar largo’, pero no, yo creo que a lo mejor vamos a pasar algunos días duros, pero con el tiempo se verán los frutos. Ahora, tal vez no tenemos gente grande como en el pasado, pero si hay habilidad se puede hacer el trabajo y vamos a clasificar”, asegura.

Próspero junto a Oswaldo Mairena, William Juárez, Oscar Mairena y Adolfo Matamoros, son parte del cuerpo de entrenadores que tiene bajo su mando el mánager Lenín Picota en los Tigres de Chinandega y entre todos esperan sacar adelante al plantel que no obtiene un título en Primera División desde 1974, pero que ha generado mucha emoción y orgullo a sus seguidores.

«Fijate que en una de las temporadas al inicio de mi carrera (1984) con el Corinto, Rafael Valle me dio cinco turnos en la temporada. Y creo que me ponché las cinco veces (en realidad fueron dos ponches), pero se tuvo paciencia conmigo y Argelio me dio la oportunidad. Recuerdo que me dijo, ‘tú eres bueno y vas a ser mi primera base. Eso es lo que trato de hacer con los chavalos ahora, animarlos», concluyó.

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