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Ahora es fácil ver a Jonathan Loáisiga subiendo al montículo con los Yanquis de Nueva York para resolver dificultades en los últimos episodios de los partidos, pero llegar a tener esa oportunidad le ha costado un mundo. Ha tenido que sobreponerse a lesiones constantes, ser dejado libre por una organización, a una cirugía reconstructiva Tommy John y tener brillar en un ambiente muy exigente.
Y luego que se probó así mismo y en especial a los Yanquis que puede brillar en el máximo nivel del beisbol, solo espera que pronto se resuelva el paro laboral para terminar de prepararse para la próxima temporada, pero mientras ese momento llega, no ha dejado de adiestrarse y tiene metas grandes para este 2022, en el que anhela un título de Serie Mundial con su equipo.
Pero con solo lo que ha hecho hasta el momento, Jonathan ha comenzado a recoger frutos. Vive con más comodidades, ha podido ayudar a su familia y ha sentido el afecto y cariño de la gente por donde se mueve, lo que constituye un reconocimiento a la labor realizada y a la vez un compromiso para seguir trabajando a fin de seguir impactando entre jóvenes y niños del país.
“He sentido el cariño”
“Lo que más me llena de satisfacción es que en poco tiempo he logrado ganarme el cariño de los aficionados, tanto de los de aquí de Nicaragua como de los de Nueva York. Para mí ha sido una bendición sentir ese cariño de la gente. Por donde me muevo siempre recibo el afecto y admiración de muchos y eso me anima a tratar de superarme más en este trabajo.
¿Te parece mentira lo que has conseguido?
Siempre he dicho que desde que uno firma, uno tiene que ilusionarse, tiene que verse ahí en el estadio de Grandes Ligas del equipo de uno. Uno tiene que creérsela. Y con trabajo duro, se puede llegar a la meta. Entonces yo no estoy asustado con lo que he logrado, más bien es como un premio de Dios al trabajo y a todas las cosas por las que he pasado en mi carrera.
¿En vos nunca hubo dudas de que podías llegar largo?
No, yo solo quería una oportunidad. Con los Gigantes no se pudo avanzar muy largo, pero gracias a Dios los Yanquis me dieron un segundo chance y una vez adentro, yo sabía que tenía que trabajar duro, con disciplina y determinación para llegar a las Grandes Ligas que es la meta que todos tenemos. Así que siempre me mantuve con fe en poder ascender.
En Nicaragua había muchas dudas cuando te firmaron…
Yo sé eso. Incluso sé que muchas personas dijeron que no tenía ninguna oportunidad y que no merecía un nuevo chance porque era indisciplinado, pero yo uso esos comentarios para motivarme más y callar bocas. Uno no gana nada hablando, uno tiene hacer cosas para así demostrar que hay gente que se equivoca al opinar sin tener el conocimiento sobre uno.
“No me da miedo lanzar”
Aquí hay varios jugadores que tuvieron un segundo chance…
Así es. Siempre he creído que si yo pude llegar a través de un segundo chance, muchos más lo pueden hacer. Además de mi caso, también están Wilton López y Devern Hansack. Con esto quiero decirles a los jóvenes que con ser dados de baja de una organización, no quiere decir que ya no tengan oportunidad de llegar. Si hay trabajo y salud, se puede lograr.
¿Desde chavalo siempre fuiste valiente?
Pues yo creo que sí. Fijate que una vez en una Final del beisbol infantil, lancé un juego sin hit ni carrera y para mí era como un juego más. Nada de presión. Así que esa mentalidad es la que he llevado a Grandes Ligas y me ha funcionado. A veces a uno como relevista le da nervio cuando suena el teléfono del bullpen, pero una vez que entra a lanzar, se acaba.
Como en aquel relevo de bases llenas ante Boston…
Exactamente. Ahí yo no estaba con miedo. Batallé un poco con el comando y quedé atrás en el conteo y, con bases llenas, una bola mala más era una carrera. Así que me concentré aún más y pude salir a flote. Pero nunca me sentí ahogado o que no podría resolver aquella dificultad, siempre tuve confianza y eso es clave para un trabajo como el que hago.
«Hay que mover la bola»
¿Qué hace que lancés tan duro?
Primero la preparación física y fortalecimiento de cada músculo de los que intervienen en la acción de lanzar. Luego, la mecánica. Eso es clave porque se necesita una mecánica que sea bien coordinada y que las acciones fluyan. También es importante la extensión que se hace al dar el paso para lanzar. Todo eso es lo que hace posible que puede lanzar con velocidad.
Ahora, no solo es lanzar duro…
No, de ninguna manera. La recta tiene que tener movimiento, por ejemplo, Emanuel Clase, el de Cleveland, lanza a 101, 102 millas y lo que tira es una recta cortada (cutter). En Ligas Mayores nadie sobrevive solo tirando duro. Si mis lanzamientos no tuvieran movimiento, no sacaría outs porque los bateadores son terribles ante las rectas. Hay que mover la bola.
¿Qué envíos componen tu repertorio?
Pues, siempre he lanzado recta, curva, slider, cambio y sinker, pero cuando se me realizó la cirugía Tommy John, se me recomendó no lanzar sinker y le di más importancia a la recta, curva y cambio. Sin embargo, con el paso del tiempo y por recomendación de CC Sabathia volví a usar el sinker y ha sido un factor muy importante para mi estabilidad en el equipo.
“Me veo como un cerrador”
¿Te sirvió lanzar en Nicaragua?
Claro que sí. Todo le sirve a uno en este proceso de aprendizaje. Haber lanzado en la Liga Profesional con los Gigantes de Rivas en 2013 y 2014 me fue muy útil porque trabajé bajo presión, incluso en los playoffs y eso lo ayuda a uno en el carácter. También me ayudó ir a Dominicana con San Francisco y haber estado en la Selección Nacional en el Preclásico en 2016.
¿Cómo te ves en un futuro cercano?
Como un cerrador. No sé si será en los Yanquis o en otro equipo, pero esa es la meta. Nosotros tenemos como cerrador a Aroldis Chapman quien es una gran persona y tremendo en su labor y aunque va a su último año de contrato, los Yanquis podrían darle una extensión, así que vamos a ver qué pasa. Pero si deseo ser cerrador. No sé se este año o más adelante.
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¿Es muy diferente cerrar al trabajo que hacés ahora?
Sí, es muy diferente. Al cerrar hay más responsabilidad. Yo estoy contento con tener ya un rol asignado que es trabajar uno o dos innings antes de que entre el cerrador y disfruto con ese trabajo. Cuando estoy en el box yo no quiero que me saquen, pero para el futuro sí me gustaría ser cerrador y este año voy a trabajar para ver si es posible llegar a esa meta.
“Deseo ir al Juego de Estrellas”
¿Cuándo te han bateado, eso dura mucho en tu mente?
No, uno tiene que ser de memoria corta y darle vuelta la página para no dejarse perturbar. Mis compañeros de equipo y los coaches me ayudan en ese sentido. Por ejemplo, Carlos Mendoza, nuestro coach de banco, me ha dicho que no me detenga en eso, que esto es las Grandes Ligas y que los demás también son buenos. No todos los días sale bien uno.
¿Te asustó el Yankee Stadium?
La primera vez sí. De pronto me pareció una instalación demasiado grande, como encerrada y pensé que lanzar en ese montículo era como estar en un lugar muy solitario, aunque había más de 40 mil personas adentro. Pero uno va asimilando todo poco a poco y de pronto estás con jugadores que admirás y solo has visto por televisión. Me dije, ‘aquí es donde deseo estar’.
¿Qué tanto ha cambiado tu vida?
Pues, estoy contento con las posibilidades que el beisbol me ha brindado, pero sigo siendo el mismo con mi familia y mis amigos, sobre todo los que tengo desde antes de llegar a las Grandes Ligas. Ahora vivo aparte, pero vengo bastante a visitar a mis abuelos, a mis tías y demás familiares. Yo aquí ando siempre por los mismos lugares que he andado.
¿Cuál es tu mayor deseo para este año?
Lo que le pido a Dios es que me dé salud. Si uno tiene salud, tiene oportunidades de salir adelante. Siempre me digo, si Dios me da salud, de lo demás me voy a encargar yo. Mis números pueden ser buenos o malos, porque todo es posible, pero con salud uno tiene el chance de destacarse y, además, quiero ir al Juego de Estrellas. Ese es un anhelo que tengo este año.
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