Ropa, documentos, dinero, pero sobre todo el deseo de vivir y de estar en libertad es parte de lo que exiliados nicaragüenses que salieron hacia Costa Rica alcanzaron a meter en sus mochilas o bolsos para empezar a rehacer sus vidas en el país vecino. Algunos hicieron la travesía con sus familias, otros emprendieron el viaje solos y allá formaron un hogar.
Desde el estallido de la crisis sociopolítica en Nicaragua en 2018, Costa Rica ha recibido más de cien mil solicitudes de refugio de nicaragüenses y un número indeterminado de migrantes irregulares. Estas son algunas historias de cómo comenzaron su vida desde cero.
“Xaviera” tiene 27 años, participó en las protestas y junto con su expareja y amigos, seis personas en total, decidieron exiliarse en Costa Rica. Salieron de la tierra pinolera por puntos ciegos, porque no podían cruzar la frontera de manera legal.
Xaviera se fue en julio de 2018 con la idea de volver, ella sabía cortar cabello y agregó a su bolso algunas de las herramientas para trabajar en Costa Rica. “Solamente traía un bolso con dos cambios de ropa y mi máquina de rasurar, mis tijeras y mis peines. Yo cuando salí de Nicaragua sabía que tenía que salir para proteger mi vida, pero pensé que iba a ser por tres meses y que iba a poder regresar”, relató.
Cuando salían de Nicaragua sintió que pudo respirar tranquila al escuchar “este ya es suelo tico”. Solicitaron el refugio en Costa Rica. “Literalmente nos sentamos y pudimos respirar tranquilos y dijimos que estábamos a salvo”.
Esa sensación de seguridad y el bolso que cargaba fue el primer paso para una nueva vida. Vivieron primero en casas que gestionaron familiares de los que llegaron juntos. “Esas casas funcionaron unos tres meses, pero nosotros a los 15 días, con apoyo de familiares logramos alquilar un espacio propio. Familiares míos me ayudaron a conseguir cosas de la casa. Tenía familiares que son residentes”, relató.
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Comentó que tener familiares y conocidos que les dieran referencia fue una ventaja porque algunos de sus compañeros tuvieron dificultades porque no conocían a alguien que les diera referencia y les pedían una serie de documentos.
El primer trabajo
Xaviera llevaba en su mochila herramientas para peluquería. Con ellas realizó cortes a conocidos y así comenzó a ganarse la vida. Su expareja logró encontrar trabajo primero. “Trabajé en algunas barberías también, pero el ingreso era demasiado bajo porque en ese tipo de empleos no hay salario fijo y se gana por comisión, según los cortes y hay cierto porcentaje que era para el dueño y se hacía muy poco”, detalló.
Por mucho tiempo compraron solo comida porque seguían con el pensamiento de que en cualquier momento regresaban, hasta que a finales de 2020 un acontecimiento le quitó la idea de regresar… salió embarazada.
“Veía bastante difícil que nosotros pudiéramos retornar. Pasó más de un año para que pudiera comprar cosas, para sentirme integrada y todavía sigo en ese proceso, no lo he logrado del todo”, indicó.
Comentó que lo más difícil de iniciar de cero es que en Costa Rica se vive el “día a día”, la vida es bastante cara y regularmente en los trabajos que se consiguen los migrantes pagan muy poco.
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“Sufrí xenofobia, acoso laboral y sexual, no me pagaban prestaciones laborales, entonces decidí emprender en 2021 ya con mis dos hijas acá. Tengo una pequeña empresa de repostería artesanal. Ha sido complicado porque siendo madre soltera emprendí en medio de la pandemia es complicado, pero es la manera que encontré de tener un empleo autosostenible”, afirmó Xaviera.
Una casa para un hogar
“Elías” también migró en julio 2018 al igual que Xaviera, solo que él emprendió el camino con su pareja y sus dos niños. Cada uno llevaba un bolso o una mochila. Las de los niños eran más grandes.
Salieron de una casa de seguridad en Granada y emprendieron el viaje también por puntos ciegos. Pidieron refugio en cuanto cruzaron la frontera y luego fueron a una iglesia que habían acondicionado como albergue.
En la iglesia les ayudaron con cosas de uso personal y les ayudaron con la comida. A la semana de haber llegado su pareja consiguió trabajo en una tienda que vende cerámica, eso les permitió conseguir un lugar propio.
Primero se fueron a un cuartito, el padre de la iglesia les apoyó para instalarse. Elías consiguió trabajos temporales, como construcción, donde dice que se pegaba “unas reventadas”.
Hasta que un domingo se encontró a un señor que trabajaba en un ingenio y como él es ingeniero agrónomo le dio su contacto y le llamaron después para una entrevista laboral.
“Me agarraron movido. Estaba en la casa con los dos monos (niños de 2 y 6 años). La niña la dejo en la escuela, pedí a la maestra la viera un momento y al niño me lo llevé a la entrevista”, relata entre risas.
Le dieron el trabajo, pero quien les alquilaba el cuarto les subió al costo del cuarto y debieron mudarse. Buscar un hogar fue una tarea difícil. “Nos tocó andar en varios lugares. Aquí todo es carísimo y a nadie le gusta rentar casa o cuarto con niños. Estuvimos en un cuarto donde metimos la cama de los chavalos y nosotros en unas colchonetas, terrible con cucarachas, ratones, alacranes”, recordó.
Luego de casi seis meses en esas condiciones, el ingenio le brindó la oportunidad de una casa en las instalaciones y en ese sitio es donde han reconstruido su hogar. “Ya pudimos tener un buen respiro. Es estar en casa. Acá llevamos casi dos años”, comentó.
Continuar estudiando
Una de las cosas que Xaviera decidió hacer para establecerse en Costa Rica fue retomar sus estudios. Ella estudiaba segundo año de marketing y publicidad en la sede de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) de Carazo, pero la expulsaron.
Empezó sus estudios a mediados de 2021 en la carrera de Trabajo Social en la Universidad Paulo Freire (UPF), por medio de un programa para refugiados, pero ante la cancelación de la personería jurídica de esta alma mater espera ver cómo podrá continuar con su formación.
Sin embargo, le ha tocado además enfrentar un litigio por la tutela de su hija mayor y se separó de su expareja por lo que es madre soltera. Recientemente logró ganar el caso y quedarse con sus hijas. El caso lo interpuso el papá de la niña desde Nicaragua, un caso de restitución internacional de menores. El proceso inició en mayo de 2021 hasta esta semana que concluyó con el fallo a su favor.
“He establecido ya una vida. Sé que en este país las niñas van a tener una mejor educación”, finalizó Xaviera.