Nicaragua nueva, currículo nuevo

Pensando en la Nicaragua que habrá que reconstruir después de esta noche oscura, es imperativo discutir las formas de cambiar aquellos aspectos de nuestra cultura que han redundado en un gran déficit ético y en el consiguiente resurgimiento de tiranías. Un tema, ya abordado, ha sido el de la familia, por cuanto es la primera escuela de valores o antivalores. Decía que rescatarla de su crónica inestabilidad, y del masivo abandono paterno requiere de importantes cambios legislativos y políticas públicas, así como de un currículo que priorice la educación para el matrimonio.

También es necesario hacer otro esfuerzo paralelo para construir un currículo orientado a producir mejores ciudadanos y a valorar la democracia. El objetivo principal de la educación no es formar personas con muchos conocimientos o habilidades prácticas, y ni siquiera con muchas capacidades analíticas o técnicas. Sin menospreciar el valor de estas, es importante subrayar que el objetivo más importante debe ser formar buenas personas o ciudadanos. Una persona de poca inteligencia o aprendizajes, pero moral y caritativa, es preferible a una inteligente y preparada, pero sin ningún anclaje ético.

La reflexión anterior ha ido cogiendo vigencia en el mundo moderno a través del reconocimiento que tienen las llamadas habilidades suaves —conductas, inclinaciones positivas o virtudes— sobre las duras —conocimientos, habilidades matemáticas, analíticas, etc.—. Quienes poseen las primeras mejoran su entorno, llegan más lejos, y tienden a ser preferidos por los empleadores. Dentro de ellas las más importantes son la capacidad de amar y servir junto con el discernimiento moral; la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo.  

Consciente de esto, el exministro de Educación norteamericano, William Bennett, produjo una obra de gran impacto titulada: The Book of Virtues (El Libro de las Virtudes). Cada capítulo se dedicó a una virtud en particular, entre ellas responsabilidad, coraje, honestidad, compasión, amistad, perseverancia, fe, etc. Lo novedoso es que se presentaban con base en cuentos de la literatura universal, de la Biblia o de la mitología griega, o en anécdotas o vivencias de héroes históricos. El objetivo expreso era contribuir a desarrollar en los niños carácter moral con ejemplos amenos. 

Dentro de aquellos factores que más contribuyen al desarrollo de la ética y el respeto o aprecio a los demás debe incluirse la religión cristiana. Además de tener un código moral que se desprende de los diez mandamientos viejo-testamentarios, abunda en exhortaciones al amor, al servicio, a la integridad y a la generosidad. Sus seguidores no son todos ejemplares, pero es comprobable que esta doctrina, verdadero patrimonio de la humanidad, es la que ha tenido los efectos humanizadores más grandes y duraderos de la historia. Permitir que ella acceda a todo el sistema educativo apoyaría significativamente los esfuerzos por mejorar la calidad humana y moral de la juventud. ¿Contradeciría esto los principios del Estado laico? No, si solo se imparte a los alumnos cuyos padres lo soliciten. En esto no hay que olvidar que la función educativa del Estado es subsidiaria a la de los padres de familia. 

Otro elemento importante del nuevo currículo será la educación para la democracia: hacer que los jóvenes aprecien el valor de la libertad, de la responsabilidad personal y de las limitaciones del Estado. Enseñarles, también, los males de los sistemas totalitarios. Recientemente, el gobernador de Florida, DeSantis, logró que en las escuelas públicas se estudien las consecuencias nefastas del comunismo. Lógico. Porque la democracia es difícil de lograr y mantener sin una ciudadanía celosa de sus derechos, ansiosa de libertad, y alérgica a las imposiciones de arriba. Y esto solo se logra a través de la educación y el conocimiento de la historia. Muchos de los retrocesos políticos de América Latina y de otros países se han debido al fácil olvido de las lecciones del pasado.

Si queremos no volver a la oscurana después de salir de ella, debemos pues ir pensando, aunque parezca por el momento extemporáneo, en aquellos cambios no solo políticos sino también culturales, que serán necesarios para romper nuestros fatales ciclos políticos. No se trata solo de vencer la tiranía y entrar a la tierra prometida, sino de  permanecer en ella.  

El autor, sociólogo y exministro de Educación, es autor del libro “Buscando la Tierra Prometida” (Historia de Nicaragua 1492-2019), de venta en librerías y en Amazon.

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