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Frida y Arney son una pareja con planes de casarse y vivir con sus mascotas. CORTESÍA

“No me veo con hijos”: los jóvenes que prefieren a perros y gatos

En los planes de algunos jóvenes no está convertirse en padres, al menos a corto o mediano plazo. Prefieren las mascotas. “Perrhijos” y “gathijos”, son el nuevo modelo familiar “diga lo que diga el Papa”.

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–¿Y por qué dormimos con el perro? –le reclamó una vez el novio a Osyara Navarrete Gómez.

La joven de 22 años, le dijo que era su “bebé” y después de una pequeña discusión no hubo manera de sacar a Simo de la cama. Su novio terminó por acostumbrarse a dormir con el perro.

Además de Simo, en la casa de Osyara en Managua hay otro perro llamado Toby, pero ese duerme con la mamá de la joven.

En esa misma casa, en Linda Vista, un gato gris se asoma desde un rincón. Saca la cabeza, abre sus ojos verdes que parecen aceitunas, encorva la espalda y levanta la cola. Emprende carrera hasta el otro rincón de la sala. Se llama Astolfo

Otra gata gris con rayas negras de nombre Felipe solo permanece acostada en el cuarto de su dueña. Durante el día, Felipe es la ama y señora de la cama de Osyara, pero por las noches la cama pertenece a Simo.

Osyara tiene dos perros y cinco gatos. Y en casa de su novio, hay otros dos gatos, Pedro y María. Las mascotas que viven con ella “son como entenados de él”, comenta.

Además de Astolfo y Felipe, por la casa también corren y se suben a los muebles Ozuna, Maluma y Chili.

Osyara trabaja en un call center y estudia inglés. No tiene hijos. Sus mascotas son como sus hijos para ella y es algo consensuado con su novio. A veces conversan sobre la posibilidad de tener hijos, pero todavía no está en sus planes.

Osyara junto a sus perros Toby y Simo, y su gato Maluma.

“Perrhijos” y “gathijos”

Esta pareja ha asumido el nuevo modelo familiar que muchos llaman de “perrhijos” o “gathijos”, que considera a las mascotas como parte integral de la familia. Los especialistas han nombrado a esta tendencia como “dikia”, que por sus siglas en inglés significa: “Dual income, no kids, indoor animals”, es decir, “Dos ingresos, sin Hijos, con animales en el interior”.

El tema de los hijos tampoco está en los planes de Nereyda Barrios por el momento. Ella es una joven de Masaya de 24 años que desde pequeña le había llamado la atención tener un perro como mascota, pero consiente de que su casa no presta las mejores condiciones para un can, decidió tener un gato.

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Su gato se llama Pívot. A simple vista no se sabe si está gordo o si está muy peludo. Nereyda dice que las dos. Ella trabaja como creadora de contenido desde su casa y pasa la mayor parte del tiempo con su gato.

Lo viste, le hace sesiones de fotos, le celebra cumpleaños, le compra juguetes, le hace pasteles y hasta le hizo su propia cuenta de Instagram en donde interactúa con sus seguidores y muestra su “vida gatuna” a través de historias y publicaciones.

Nereyda celebrando el cumpleaños de Pívot. CORTESÍA

“Prácticamente sí es como un hijo”, dice Nereyda. Y repara. “Más que considerarlo como un hijo, lo considero como un compañero de vida. A mí me dio covid y él como que sabía que estaba mal. Llegaba a la cama, se acurrucaba, me quedaba viendo, me lloraba. Es un ser que realmente percibe”, cuenta la joven.

Frida Francela Martínez y Arney Sandino son una pareja de jóvenes con planes de casarse. “Mostrále el anillo, mostrále el anillo”, le murmura Arney a Frida mientras hablan con la Revista Domingo.

Ella es diseñadora gráfica web y él es médico general. Aunque viven separados por el momento, ya están comprometidos y con planes de vivir juntos. Dos cosas los detienen. Su economía y que necesitan un lugar perfecto para sus mascotas.

Frida tiene tres gatos llamados Dublin, Irlanda y Brecia, además de un cobayo nombrado Moflin y tres peces que no tienen nombre. Arney tiene dos perros, una hembra llamada Manchas y un macho de nombre Ricky. También tiene una gata de nombre Grisby y una fuente en su patio llena de peces. Tiene tantos peces que es imposible contarlos.

La pareja todavía no tiene de planes de tener hijos. “Yo quiero a mis mascotas, quiero viajar, pero criar (a un hijo), ahí si la pienso”, dice Frida.

“Lo primero es que nuestras mascotas tengan un lugar establecido y si llegamos a decidirnos (a tener hijos) le inculcaríamos el amor a los animales” dice Arney.

Humanos superiores

Para muchas personas, sobre todo jóvenes, es menos complicado tener mascotas que un hijo. Con un perro o un gato se evitan las malacrianzas, los llantos y el gasto económico que implica criar a un bebé, consideran.

Esta nueva tendencia ha sido criticada por el Papa Francisco, quien el pasado cinco de enero dijo “hoy vemos una forma de egoísmo. Vemos que algunos no quieren tener hijos. A veces tienen uno, y ya, pero en cambio tienen perros y gatos que ocupan ese lugar”.

Las palabras del líder religioso causaron mucha polémica, sobre todo entre usuarios de redes sociales que han optado por una mascota en lugar de un hijo. Pero el Papa no es único que critica esta práctica.

“Esa gente es loca”, dice doña Isayara López, habitante del barrio El Recreo de Managua. A sus 42 años, tiene 4 hijos. En su patio tiene gallinas, pero no las ve como mascotas. “Estas son para engordarlas y venderlas, o comerlas cuando uno se reúne con la familia”, dice.

En su casa hay un perro. Se llama Simba. Le tiene cariño, pero dice que jamás podría remplazar a sus hijos por el perro. “Los hijos son una bendición y aunque a veces se me porten mal, no puedo dejar de amarlos porque así me los mandó Dios y así los tengo que aceptar”, argumenta.

Doña Isayara es madre soltera y cree que los hijos son mejores que “cualquier animal”. No es que ella deteste a los animales, si no que para ella los humanos son superiores a los animales y vale más la vida humana.

Diferencias

Hay que saber las diferencias entre mantener una relación afectiva con la mascota y humanizarlas, advierte el médico veterinario Luis Manuel Prado. Eso es algo que él siempre aconseja a los dueños de sus pacientes, dice.

Aunque sean mascotas no se puede obviar su instinto natural, especialmente su alimentación, su ejercicio y los hábitos comunes de su naturaleza animal, explica.

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“Hay personas que llegan al extremo de no darle sus comidas como croquetas y les dan comida de humanos como arroz, tomate, ensaladas, salpicón. La alimentación de un ser humano no es la misma de un animal”, indica Prado.

El veterinario dice conocer de casos en que las personas pasean a sus perros en cochecitos de bebé, lo cual puede ser dañino para la salud de los canes, y también, hay personas que les llevan la comida y agua hasta el lugar donde se encuentren los perros y no los acostumbran a comer en un solo lugar.

“Los perros se vuelven sedentarios. Empiezan a depender bastante de las personas”, advierte.

De igual manera, vestir a los animales no siempre es adecuado, comenta Prado, pues hay que tomar mucho en cuenta cómo está el clima. En Nicaragua, la mayor parte del tiempo hace calor y vestir a las mascotas puede sofocarlos hasta convertirse en animales agresivos. “Incluso pueden llegar a tener trastornos de ansiedad lo que los puede llevar a pérdida de peso” de manera acelerada, señala el veterinario.

Arney es uno de los que le gusta vestir a sus mascotas, sobre todo para épocas como navidad. Le pone gorritos o bufandas porque dice que “se miran bonitos”. Nereyda también le pone accesorios a Pívot. A veces gorros, lazos o bufandas.

Por otro lado, Prado comenta que es necesario prestar atención a mascotas que requieren cuidados especiales como tortugas, conejos, cobayos, entre otras, sobre todo con su alimentación y el espacio en que van a pasar su día a día.

Frida trata de tener esos cuidados con su cobayo. Le cambia su heno semanal. No le da de comer repollo, tampoco ajo, ni cebolla. Su dieta es a base de chiltomas, frutas, apio y tomate. No le gusta el agua y cuando le sirven en una panita, la termina botando.

Frida y Arney junto a su gato Dublin. CORTESÍA

Más barato que un hijo

Los cinco gatos de Osyara comen cuatro veces al día. A sus dos perros les da de comer cuando ve que tienen hambre. Aunque trabaje desde casa, dice que pasa todo el día ocupada así que le paga 200 córdobas quincenales a su hermano menor para que les de comer a sus mascotas

De su salario, Osyara destina unos 120 dólares mensuales para la comida de sus mascotas. Eso sin incluir las carnes y el pollo que comen sus perros porque eso lo asume su mamá. Sus dos perros, Toby y Simo, comen croquetas especiales. El primero porque es muy mayor y el segundo porque tiene sobrepeso.

Cuando toca llevarlos al veterinario, Osyara puede llegar a gastar mucho dinero. La última vez se fijó que gastó 108 dólares en unas pastillas para las garrapatas de los perros. “Resulta carísimo llevar a siete niños al veterinario”, comenta.

El gasto que asume Nereyda es menor. Como solamente tiene un gato, calcula que gasta unos 500 córdobas al mes. Le compra un bolsón de comida mensual que cuesta 270 córdobas y su arena para gato que ronda los 200 córdobas. “En comparación con un hijo es mucho más barato”, comenta.

Su gato es bastante saludable, dice. Lo desparasita cada tres meses y casi no presenta problemas de salud.

Frida calcula que gasta unos 1,500 córdobas mensuales en sus mascotas. Le compra 200 córdobas de pollo a uno de sus gatos, y el bolsón de comida para sus tres gatos le cuesta 650 córdobas, y otros 90 más en comida para peces.

Los perros y la gata de Arney se comen más o menos una libra de pollo americano al día. A veces un poco más, como libra y media. Otras veces comen hígado y se los combinan con croquetas para que no se aburran de comer lo mismo.

Arney dice que no saca cuentas de cuánto gasta en la comida de sus mascotas, pero dice estar consiente que es más barato que alimentar a un hijo.

Frida y Arney junto a su perra Mancha. CORTESÍA

Doña Isayara tampoco saca cuentas de cuánto gasta para alimentar a su perro Simba. A veces le compran la libra de croquetas que cuesta 22 córdobas en la pulpería que le queda a unas tres casas, y otras veces le dan lo que sobra del gallo pinto de la noche anterior.

De lo que sí saca cuentas doña Isayara, es de los 8 mil córdobas que gana al mes lavando y planchando, y de los que dice que no son suficientes para mantener a sus cuatro hijos. “Todo está carísimo. Si fíjese que esta semana ya estamos dejando de comer queso. Carísima la libra y con una libra no alcanzamos todos”, comenta la señora.

Su hijo mayor de 20 años le ayuda con lo que gana semanal descargando verduras en el mercado Israel Lewites. Sus otros tres hijos están dedicados al estudio, dice doña Isayara. “Ahorita ya van a entrar a clases y ahí a como pude les conseguí para los uniformes”.

Por su parte, Nereyda considera que el hecho de tener un hijo es una cuestión de decisión propia. “El hecho de comparar o de reemplazarlo, o decir que los niños son mejores que las mascotas, o que las mascotas son mejores que los niños creo que no viene al caso. Quienes decidan tener hijos en lugar de mascotas es una decisión propia, diga lo que diga el Papa”.

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