Oswaldo, un joven originario de Managua, es uno de los más de 500 migrantes (hondureños y nicaragüenses) que partieron el sábado de San Pedro Sula, norte de Honduras, en una nueva caravana con dirección a Estados Unidos, donde esperan mejorar sus vidas.
Aun cuando las autoridades de Estados Unidos han alertado a los centroamericanos de que sus puertas no están abiertas y que están rechazando a los migrantes en estado ilegal, miles siguen emprendiendo el viaje.
Este domingo, monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y administrador de la Diócesis de Estelí, dijo que en la imagen del Cristo Negro se ve el sufrimiento de todas las personas, incluyendo “los que han partido del país”.
“Hoy les quiero contar algo qué me está sucediendo, tanto en la Diócesis de Matagalpa, como en la Diócesis de Estelí. Y es que los padres, los sacerdotes, desde el mes de noviembre, de octubre, del año pasado, me dicen: monseñor dese prisa, venga a confirmarnos (a los jóvenes), venga a celebrar las confirmaciones, porque nuestros muchachos se están yendo del país. Nuestros muchachos solo están esperando confirmarse para irse del país, apresúrese para que al menos se vayan con el sacramento de la confirmación”, comentó Álvarez.
Aseguró que a él mismo le han confesado jóvenes de toda edad que se irán del país.
Lea además: Unos 500 migrantes, entre ellos nicaragüenses, salen de Honduras en caravana hacia Estados Unidos
“Así me ha sucedido en diferentes parroquias, que, al finalizar la celebración jovencitos de 12, 14 años, de 16 años, se acercan y me dicen: deme su bendición, porque mañana me voy. Los sacerdotes son testigos de cómo familias enteras llegan a ellos a pedirle su bendición, porque tienen que agarrar estas caravanas del desierto, que son caravanas de muertes”, insistió el religioso.
Según Álvarez, las causas de la de la migración son “la pobreza, el sufrimiento, el dolor y el no mirar en nuestro país un futuro claro, sino un futuro incierto”. E insistió en ver en la imagen del cristo negro toda esa inocencia “de un pueblo que sufre, de un pueblo adolorido”. “Eso hace que nos estemos desangrando con esa terrible migración forzada. Y ahí están todos esos inocentes, todos ellos son inocentes, todos, todos ellos son inocentes, y a todos ellos tenemos que mirar en el cristo negro”, reflexionó.
“Me decía un párroco qué en una comunidad hay 50 casas y, de esas 50 casas, 35 están ya vacías, porque todos se fueron”. Aseveró que en algunas casas solo queda una persona mayor, para cuidar.