A veces se necesita ser jugador y haber estado en las Grandes Ligas para darse cuenta de lo difícil que es hacer historia en el mejor beisbol del mundo. Lo dice alguien que jugó durante 23 años, que fue líder en victorias en 1981, efectividad en 1991, en juegos completos en 1979 y 1991, cuatro veces All Star, lanzador del primer juego perfecto para un latino, uno de los siete pícheres ganadores de 100 juegos en cada liga y el latino más ganador durante muchos años con 245 victorias hasta que Bartolo Colón rompió la marca. Y presento mis credenciales no para presumir, sino para graficar lo difícil que es entrar al Salón de la Fama de Cooperstown. Mis números fueron insuficientes.
Ya se reveló la boleta de los jugadores que estarán corriendo para entrar a Cooperstown en 2022, en total son 30. No obstante, nos detendremos en los que considero que deberían entrar al templo sagrado del beisbol. Durante los últimos años se ha estigmatizado a los jugadores que salieron positivos al consumo de esteroides, se les ha criticado al cansancio, desprestigiado como si fuera una cacería de brujas, cuando dieron alegría a miles de fanáticos, enriquecieron las arcas de sus equipos y de repente ahora son “estorbos”.
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Con esto no quiero decir que es bueno usar esteroides, sino me refiero directamente a la época en la cual el uso no estaba prohibido (antes de 2004). Dos de los referentes en las boletas: Roger Clemens y Barry Bonds estarán en su última oportunidad para entrar a Cooperstown, se les acaba el tiempo. El año pasado Bonds recibió 61.8 por ciento y Roger Clemens 61.6, ambos muy por debajo de los 75 por ciento necesario para pisar Cooperstown. Se entiende que con el uso de esteroides se aumenta el rendimiento del jugador, pero es que la capacidad de Bonds con el bate y Clemens en el montículo era impresionante. Bonds era de otro planeta, podía descifrar cualquier lanzador, tenía un swing letal, una velocidad en sus manos y el poder natural para desforrar pelotas, además de una entrega completa al entrenamiento. Clemens era mortal con cualquier picheo, controlaba la zona como ningún otro y tenía una inteligencia natural que no te las da ningún esteroide. Con esto quiero decir que su grandeza va más allá de cualquier sustancia prohibida.
Igual pienso de David Ortiz y Alex Rodríguez, son dos jugadores que marcaron una época y están en un pedestal de peloteros irrepetibles. Diferente el caso de Sammy Sosa. A Sosa lo conocí cuando estaba con los Medias Blancas de Chicago sin ninguna trascendencia, sin embargo, tuvo un cambio radical desde el uso de esteroides. Siento que él es más producto de los esteroides que del talento natural. Si tuviera la oportunidad de marcar una boleta sin duda estarían Clemens, Bonds, Ortiz, Rodríguez, además agregaría a Curt Schilling y a Omar Vizquel.
Muchos no coincidirán conmigo, estarán en desacuerdo y es entendible, es un acto de democracia. No obstante, a veces el perdón es necesario después de haber pagado por tanto tiempo y haber cargado el peso de las malas miradas y los señalamientos de ser los “sucios del juego”. Suceda o no, recordaremos durante toda la vida sus números y proezas.