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El tiempo no ha quitado brillo al histórico triunfo ante Cuba hace 49 años

Un día como hoy en 1972, la Selección Nacional alcanzó su punto más alto al imponerse 2-0 a Cuba con Julio Juárez en el box y jonrón de Vicente López

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Aunque han pasado 49 años desde aquel glorioso triunfo de Nicaragua sobre Cuba en el Mundial de 1972, la hazaña de la Selección Nacional de beisbol lejos de perder brillo, se vuelve más rutilante con el paso del tiempo. No existe un triunfo más recordado y venerado entre la afición pinolera que el obtenido ante los cubanos.

Ocurrió un día como hoy, 3 de diciembre de 1972 en el antiguo Estadio Nacional llamado entonces General Somoza. De la mano o mejor dicho del brazo del legendario lanzador leonés, Julio Juárez, Nicaragua se alzó con una victoria 2-0, en la cual Vicente López con un jonrón y Pedro Selva con un sencillo, también fueron claves.

Juárez, un extraordinario tirador que manejaba la bola con la precisión de un tecladista, mantuvo fuera de balance a una explosiva alineación en la que resaltaban cañoneros del calibre de Armando Capiró, Agustín Marquetti, Wilfredo Sánchez, Fermín Laffita y Félix Isasi, entre otros, forjando una blanqueada que lo inmortalizó.

Nacido en el barrio Guadalupe en León, Julio recuerda con su memoria fotográfica todos los detalles que rodearon su día más glorioso. «Nunca olvido que estaba escuchando una canción de Los Tecolines cuando llegaron a decirme que lanzaría contra Cuba. Lo tomé con naturalidad a pesar de lo que significaba», detalla Juárez.

De acuerdo con Julio, Calixto Vargas, primera base del equipo, era partidario de no decirle con anticipación al abridor del juego contra Cuba para no causarle ninguna distracción o presión por el compromiso que implicaba, pero Juárez después de su cena se fue a la cama y mientras repasaba apuntes sobre el line up cubano se quedó dormido.

Despertó al día siguiente y listo para ofrecer su mejor esfuerzo en el que sería el partido de su vida. Y a diferencia de sus habituales dificultades para iniciar los juegos, Julio fue dominante y defendió con uñas y dientes una ventaja de 2-0 conseguido por hit de Pedro Selva en el primer inning y jonrón de Vicente López en el cuarto episodio.

Los problemas se le presentaron al final cuando en el último episodio, los cubanos se colocaron a punto de empatarle el juego. Con dos hombres en base y solo un out, el bate de Urbano González era una amenaza en el home plate. Y a pesar de que Argelio Córdoba fue al montículo, Juárez siguió en la colina para júbilo de los fanáticos.

González sacó un batazo al shortstop que César Jarquín convirtió en un doble play salvador y ahí se concretó la victoria más importante conseguida en la historia por la Selección Nacional de beisbol. Aún se escucha la ruidosa celebración de los fanáticos que saltaron al terreno de juego para unirse a sus héroes que aún no tienen sucesores.

Nicaragua logró otras victorias impactantes sobre Cuba en Mundiales como la de Jonathan Robinson en 1940, Alejandro Canales en 1952 y Porfirio Altamirano en 1976, pero hacerlo ante un equipo que llevaba un invicto de 14-0, con una joya monticular como la de Juárez y sobre todo frente al público pinolero, tiene otra dimensión.

Cuarenta y nueve años después, la proeza de Juárez sigue vigente, nítida, como un invitación a conseguir lo imposible. Los tiempos han cambiado, la correlación de fuerzas es distinta y las competencias se han modificado. Ganarle a Cuba, que sufre una crisis con su beisbol probablemente ha dejado de ser una hazaña, pero cuando Julio lo hizo era lo más cercano a un milagro.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR

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