Precisando datos de Adolfo Miranda

Adolfo Miranda, columnista de LA PRENSA,  es un hombre de buenas intenciones. Una de ellas, expresada en su artículo “¿Diálogo?”, del lunes pasado (15 de noviembre de 2021) es abrirle camino a la paz. Tiene, sin embargo, ciertas imprecisiones sobre hechos históricos, muy populares, por cierto, que es preciso corregir. (Hacerlo en una de las pasiones o debilidades del historiador). El conocimiento cabal del pasado es muy importante para construir bien el futuro. 

Una imprecisión es el número de muertos entre 1977 y 1990. Adolfo habla de 65,000, 25 mil de ellos combatientes y 40 mil civiles, a los que añade 150,000 heridos. No proporciona las fuentes, porque en realidad no las hay o son muy subjetivas. Existe una, sin embargo, relativamente confiable que discrepa: la Stasi, la agencia de inteligencia de la entonces Alemania Oriental. Esta contabilizó 18,963 muertos para el período 1980-1986, el de la guerra entre contras y gobierno. Dado que éste fue el subperíodo más largo y cruento, es razonable suponer que el de la guerra civil librada contra Somoza (1977-1979), lo fue menos.

Lo anterior es apoyado por algunas consideraciones adicionales. Una es que los guardias nacionales apresados fueron aproximadamente 7,000, estimándose que escaparon del país unos 3 mil, algunos de los cuales se sumaron a la Contra. Si se considera que la GN tenía alrededor de 12,000 efectivos, de los cuales menos de 6,000 eran combatientes de línea, es difícil pensar que haya sufrido más de dos mil bajas, entre muertos y heridos. 

Las fuerzas del FSLN, por su parte, en su período más elevado, llegaron a contar con unos 5000 guerrilleros, la mayoría de los cuales sobrevivieron. Una de las batallas más grande que libraron, la del frente sur, causó, según me lo reveló un participante de alto rango, alrededor de 100 muertos y 400 heridos. En un monumento a sus caídos, en la carretera que va del Ostional a la frontera, se leen 97 nombres y apellidos. Monumentos similares, visibles en todas partes del país, permitirían contabilizar aquellos que el FSLN pudo identificar y recordar. Pueden rondar los mil. Durante la guerra en Managua, tuve la oportunidad de visitar la carpa de la Cruz Roja donde se atendía a la inmensa mayoría de los muchachos heridos. Posiblemente albergaba 500. Téngase en cuenta que la proporción de heridos en todo conflicto bélico suele ser bastante superior a la de los muertos. En la famosa masacre estudiantil del 23 de julio de 1959, hubo cuatro muertos y alrededor de 40 heridos.

El mito histórico, proclamado por los hermanos Ortega y luego recogido acríticamente en libros oficiales de historia, es que la guerra contra Somoza causó 50,000 muertos. Quitándoles un cero quizás estemos más cerca del límite máximo. La inflación de cifras de muertos, más el repaso de todos los descalabros económicos y sociales que ocurrieron en la década de los ochenta, lleva a muchos, sin duda en buena fe, a espantarse de que algo similar vuelva a ocurrir si se abandona la vía cívica. Adolfo, por ejemplo, se pregunta: ¿querrá alguien que esto vuelva a suceder? Obviamente nadie lo quiere. Pero es incorrecto para la objetividad histórica, que para reforzar un argumento se atribuya todo el desastre que vino después al derrocamiento violento de Somoza. 

Los costos de la rebelión contra Somoza no pueden ni deben minimizarse. Cualquier número de muertos es una tragedia. Hubo también destrucción física, aunque menor que la del terremoto de Managua de1972. Pero la tragedia mayor vino después, cuando y porque el poder fue ocupado por una minoría marxista leninista empeñada en imponer el socialismo y subvertir Centroamérica. Esto llevó a la guerra contra, que fue una legítima y masiva insurrección campesina, y a políticas que destruyeron la economía y la inversión, causando más daño que muchos terremotos.   

Si tras la caída de Somoza, hubiesen subido al poder dirigentes de vocación democrática, el país hubiese logrado la paz, evitando el sacrificio inútil de millares de jóvenes más. También hubiese experimentado una rápida recuperación económica, con apoyo masivo de la comunidad nacional e internacional, y hoy Nicaragua podría estar a la par de Costa Rica. No fue así. No es ahora así, y hoy estamos a la par de Haití. 

El autor fue ministro de educación y es autor del libro “Buscando la Tierra Prometida”, (historia de Nicaragua 1492-2019), todavía accesible en las principales librerías y en Amazon Kindle.

Opinión
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