Se consumó la farsa. Se consumó el pecado. La elección más anómala en la historia del país, y del continente americano, no solo fue un gran fraude sino una ofensa contra el pueblo, contra la justicia y contra Dios; una que calza perfectamente con la definición de pecado del catecismo católico: “Una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana”.
La elección de ayer fue, efectivamente y en su esencia, una gran falta contra la verdad; una gran mentira. Mentir con desfachatez ha sido una de las características más distintivas del Gobierno. Así como el Minsa mantuvo sin ningún rubor la cifra de un muerto semanal a causa de la pandemia, cuando todo el pueblo sabía —porque lo veía de cerca— que morían muchos más, ahora el CSE (Consejo Supremo Electoral) ha inventado millones de votos para una pareja que, igualmente, el pueblo sabe que es tremendamente impopular. Asimismo, infla las cifras de participación ante la evidencia de urnas vacías y aumenta el escuálido caudal de votos de sus aliados zancudos.
Falta también a la verdad y a la razón llamar elección a lo que no fue. Cuando son verdaderas el pueblo elige a los candidatos de su preferencia. En estas los candidatos opositores estaban presos. Votaciones sin elegir las hubo. Pero mucho más reducida de lo que alega la propaganda gubernamental y protagonizadas, en gran parte, por votantes que fueron a las urnas por temor a no hacerlo. ¿Cuántos de ellos emitieron votos nulos? Nunca lo sabremos. El CSE no permitió la observación internacional independiente, precisamente para operar en secreto. Los hijos de las tinieblas odian la luz.
Los arquitectos del fraude hirieron también los derechos naturales de sus ciudadanos y manifestaron su total falta de respeto y amor a su pueblo. Negarle el derecho a elegir, aplastando su voluntad e imponiéndole a la fuerza autoridades que no quiere, es una bofetada, una acción violenta y una burla cruel. Es decirle a la gente: “No me importa lo que piensen o quieran. Aquí el que manda y decide soy yo”.
Quien ama a un pueblo respeta su voluntad. Quien ama a su pueblo no lo engaña ni lo atemoriza. Quien ama a su pueblo tampoco lo expone a sufrir. La dirigencia del FSLN, al trampear abiertamente las elecciones ante la vista y paciencia del mundo entero, no solo ha manifestado otra característica del pecado, como es su apego perverso al poder, sino su absoluta falta de solidaridad. Porque ahora vendrán las sanciones, la falta de inversión y el estancamiento económico. ¡Qué egoísmo más feroz!, ¡qué falta de valores morales!, ¡qué inhumanidad!, la que han exhibido.
La dirección suprema del FSLN ha pecado gravemente contra su pueblo y contra Dios, porque Dios es verdad, amor y justicia. También lo han hecho todos sus cómplices, aquellos que en las estructuras del poder han contribuido a perpetrar a facilitar o a permitir este atentado contra los derechos y la dicha de los nicaragüenses. También pecarán, por acción u omisión, quienes, a partir de hoy, en forma directa o indirecta, contribuyan a legitimar lo que es ilegítimo; los que disimulen o traten de maquillar la gravedad de esta agresión al derecho, la verdad y la justicia. Igualmente, los que permanezcan indiferentes ante ella o se rehúsen, por timidez, cobardía o comodidad, a combatirla, como es el caso de los pragmáticos de siempre que buscan acomodarse con la maldad alegando que es impráctico enfrentarla.
Nacional e internacionalmente existe una obligación moral de no dejar que triunfe o quede sin consecuencias la farsa electoral que el orteguismo ha perpetrado. Hacerlo es invitar a que surjan nuevas tiranías, a que se irrespete el estado de derecho, a que triunfe la maldad. Combatirla y luchar por revertirla es, por el contrario, un deber de solidaridad con el pueblo nicaragüense, con los ideales democráticos, y con el bien. Con ánimo, determinación y fe, se vence al pecado.
El autor fue ministro de Educación y autor del libro Buscando la Tierra Prometida (historia de Nicaragua 1492-2019).