¿Perdimos la batalla del 7 de noviembre?

En los últimos meses una gran parte de la ciudadanía nicaragüense ha adoptado una actitud derrotista ante el contexto que enfrentamos. Esto no es para menos en las condiciones que nos encontramos, pero no podemos dejar que este sentimiento de derrota nos consuma. Precisamente la estrategia de Ortega desde el 2018 ha sido bien ejecutada para desmoralizarnos, pues conoce la capacidad que tiene un pueblo en resistencia y con convicción para transformar su realidad. 

Sin embargo, regresando a la pregunta inicial, primero debemos respondernos algunas otras disyuntivas: 

  • ¿Por qué salió la ciudadanía a protestar en el 2018?
  • ¿Por qué hay todavía gente en resistencia casi 4 años después?
  • ¿Qué esperamos ver en la Nicaragua pos Ortega?

Para responder a las preguntas anteriores se nos pueden ocurrir miles de opiniones diferentes y seguramente válidas, y que por efectos de este artículo no voy a ahondar en esto específicamente, sino más bien en tratar de responder la pregunta inicial. Aunque la mayoría salimos a las calles para sacar a la dictadura de una vez por todas, otras personas también salieron para reclamar los derechos particulares que como minorías históricamente se les han arrebatado, luchas que van más allá de un cambio de gobierno. Con ello, se abrió también la oportunidad de la participación ciudadana para hacer incidencia política, aunque esta fuese fuera del aparato institucional, a través de las plataformas de oposición emergentes.

La importancia de estos espacios radica en la carrera a largo plazo, en la verdadera meta a la que queremos llegar. Entonces, volviendo a la pregunta inicial, la reelección de Ortega este 7 de noviembre no es una derrota ni para la oposición ni para el pueblo nicaragüense, a como nos quieren hacer creer, porque el objetivo final nunca fue ganar unas elecciones, sino salir de la dictadura para alcanzar transformaciones profundas en un sistema que está descompuesto a todos sus niveles. A pesar del respiro que ha obtenido la dictadura a la fuerza, su caída es inevitable. 

Lo que nos depara esta carrera a largo plazo es incierto. Probablemente las cúpulas de poder cederán a los intentos de negociación del régimen posterior al 7 de noviembre, pero esta vez no podemos caer en la trampa de la presión por la “urgencia” de la situación. Esta vez, la ciudadanía no debe permitir cheques en blanco a supuestos líderes que no representan más que sus propios intereses. En cambio, la ciudadanía debe reagruparse, reorganizarse y fortalecer su presencia territorial para reestructurar las estrategias para salir de la dictadura apegados a los principios democráticos que nos llevaron a salir a protestar en primer lugar.

Ahora nos toca replantearnos cuál es la meta del pueblo nicaragüense, y cómo vamos a hacer para llegar a esta. Si la meta final no está en las elecciones, ¿cuáles son esas demandas que prevalecen y que nos hacen mantenernos en resistencia? Solo por mencionar un par, las condiciones de vida del ciudadano promedio en Nicaragua son precarias, tenemos poco acceso a derechos como la educación y la salud, no toda la ciudadanía tiene acceso a los servicios básicos, nuestro sistema de salud tiene muchas carencias y no ha sido capaz de manejar la pandemia de la covid-19 efectivamente, las alzas en los precios del combustible y del gas butano continúan en aumento, la violencia y la inseguridad están a la orden del día, las empresas extranjeras continúan yéndose del país favoreciendo las tasas de desempleo, todas estas cuestiones entre una innumerable cantidad de problemas sociales que enfrentamos como país. 

Por esto y más, la dictadura no puede y no va a mantenerse en el poder; así como explotó la olla en el 2018, la acumulación de los resultados de la mala gestión de Ortega, todos sus abusos de poder, la corrupción y la violencia sistemática van a ser su propia condena. Así que este 7 de noviembre yo no confiaría llamarle victoria. Más bien temería de una salida diferente a esta, porque sea cuál sea, no va a permitir que el partido conserve cuotas de poder, como hubiese sido en unas elecciones.

La autora se encuentra en el exilio, es politóloga y secretaria política de Construimos Nicaragua.

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