Ovidio y las heroínas mitológicas

En el discurso que pronunció el 25 de octubre recién pasado al recibir la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid que le fue otorgada por sus notables éxitos literarios, Sergio Ramírez hizo una mención especial de Ovidio, el poeta latino de la antigüedad. Obviamente, ese reconocimiento al escritor nicaragüense ha sido también por la persecución política de la que es víctima en su patria.

Hablando en su condición de escritor exiliado, Ramírez expresó que Ovidio es “el más antiguo de los escritores exiliados… desterrado a los confines más inhóspitos del imperio romano en el Mar Negro”.

Ovidio es muy conocido por obras clásicas e imperecederas, como Las MetamorfosisEl Arte de Amar. Vivió como a caballo entre dos siglos, pues nació en el año 43 antes de Cristo y murió en el 17 de la era cristiana,  exiliado en Tomis, una pequeña y fría ciudad a orillas del Mar Negro que ahora se llama  Constanza y es parte de Rumania.

Ovidio es una de las fuentes literarias principales de la mitología grecorromana, como Homero y Hesíodo, de Grecia, o  Virgilio en la antigua literatura latina, para solo mencionar a algunos. 

Sobre temas de la mitología Ovidio escribió la que por mi afición es su obra cumbre: Las Metamorfosis, pero también Medea (de la cual no se conservó el texto) y Las Heroídas, que consiste en 21 cartas de renombradas mujeres mitológicas que supuestamente escribieron a  sus amados y amantes. 

Cabe aclarar que tres de las cartas son de él a ella. Se trata de las epístolas de Paris a Helena, de Leandro a Hero y de Aconcio a Sídipe. Y además hay en Las Heroídas  una  carta de Safo de Lesbos —la insigne poetisa griega que no era un ser mitológico, sino una persona humana—, a su amado Faón.

Se conoce que los grandes amores en la mitología  son trágicos y tristes por diversas razones, con notables excepciones. Para comprobarlo están en Las Heroídas la carta de Penélope a Ulises, de Filis a Demofonte, de Briseida a Aquiles, de Fedra a Hipólito, de Enone a Paris, de Hipsípila a Jasón, de Dido a Eneas, de Hermíone a Orestes, de Deyanira a Herakles o Hércules, de Ariadna a Teseo, de Cánace a Macareo, de Medea a Jasón, de Laodamía a Protesilao, de Hipermenestra a Linceo, de Paris a Helena y de Helena a Paris, de Leandro a Hero y de Hero a Leandro, de Aconcio a Cídipe y de Cídipe a Aconcio.

También los grandes dramaturgos griegos escribieron tragedias basadas en temas mitológicos en las cuales las mujeres figuran en los primeros planos. Sin duda que, para bien y/o para mal, las mujeres ocupan un lugar relevante en la obra de los grandes clásicos griegos.  

De Eurípides cabe destacar Las Troyanas, sobre la tragedia de  las mujeres nobles sobrevivientes de la Guerra de  Troya que son rifadas entre los jefes de los vencedores griegos, para servirles como concubinas o esclavas sexuales. 

De Esquilo se debe mencionar Las Suplicantes, que habla de las cincuenta hijas de Dánao (las danaides) obligadas a casarse con sus cincuenta primos que son los hijos de Egipto, pero los matan en sus lechos la misma noche de bodas.

Los investigadores de la antigua cultura griega, histórica y mitológica, llaman la atención en sus estudios a la contradictoria doble situación de la mujer en los ámbitos de la realidad y de la mitología. 

Sobre esto la periodista española especialista en temas culturales, Natalia Repila, escribe en la revista en línea, De culto, inquietas y culturales, que “en la cotidianidad de la Grecia Antigua, la mujer no poseía derechos ni opinión… ni siquiera podía tener bienes propios… Por el contrario, en la mitología griega las diosas tenían un papel más activo, un rol de heroínas valientes… la mujer era mitificada como símbolo, pero degradada como mortal”.

Lo dicho por la periodista hispana se comprueba con la lectura de los diversos  mitos griegos escritos, en los que las diosas, semidiosas y mujeres mortales legendarias, son las protagonistas principales.

Opinión
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