Ser cristiano es ser santo

El testimonio de los primeros cristianos es el de ser santos por el hecho mismo de haberse decidido de seguir a Cristo y porque el seguir a Cristo es caminar en la vida como Jesús. “El Santo de Dios” (Mc.1, 24). 

En las Escrituras, los cristianos son “santos por vocación” (Rom.1, 7), por eso, “como elegidos de Dios, santos y amados”. Él les invitaba a revestirse “de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia…” (Col. 3,12). Pedro fue a visitar “a los santos que habitaban en Lida” (Hch. 9, 32).

San Pablo llamaba “santos” a todos los fieles cristianos porque han sido “santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos” (1Cor.1, 2). Llama “santos” a los cristianos de Éfeso (Ef.1, 1), a los cristianos de Filipo (Fil. 1,1; 4, 21) y de Colosas (Col.1,2). Pedro llama a los cristianos a ser santos, “como el que os ha llamado es santo” (1Pe. 1,15).

Nosotros hemos sido llamados  e invitados a vivir fieles a la vocación a la que hemos sido llamados: a seguir a Jesús y a vivir en santidad conforme Él vivió.

Ser santos, pues, no es ser gente excepcional y milagrera. El llamado a la santidad es para todos: “El que quiera seguirme que me siga” (Mc. 8,34). 

La santidad no es un privilegio para algunos, sino una invitación para todos, «para ti y para mí”. Ser santos es vivir al estilo de Jesús: de cara a Dios y de cara a los hombres, amando como Ėl amó. 

Ser santos es llevar a nuestra vida y convivencia aquellos grandes valores con los que Jesús enriqueció la suya.

Ser santos es hacer en cada momento la voluntad de nuestro Padre Dios, como lo hizo Jesús y amar a los demás, como amó Jesús.

Todo cristiano, si quiere ser santo, debe ser consciente de que sí es posible: vivir la fe, como Jesús la vivió. Vivir como hijos de Dios y hermanos los unos de los otros, como Jesús vivió. Hacer de nuestra vida un canto permanente al amor, como Jesús lo hizo.

Tener un corazón de oro, como Jesús lo tuvo. Llorar con el que llora y reír con el que ríe, como Jesús lo hizo. Ponernos al servicio de los demás, como Jesús lo hizo

Ser santos es ser respetuosos con todos, mansos, como Jesús lo fue. Ser misericordiosos como Jesús lo fue.

Tener un corazón limpio, como el de Jesús. Construir un ambiente de paz, como Jesús lo transmitió.  Enriquecer nuestra vida con los valores con los que Jesús vivió. Pasar por este mundo haciendo el bien, como Jesús lo hizo.

En este mundo nuestro, a pesar de su corrupción, ha habido, hay y habrá muchísimos santos, y son ellos quienes tienen que animarnos en la esperanza para que, siguiendo a Jesús, pasemos también nosotros por esta vida haciendo el bien.

Tener presente a los santos es un acto de honor a toda la gente de bien que ha pasado, pasa y pasará por este mundo nuestro poniendo su vida y su corazón al servicio de los que más lo necesitan.

Por eso: “El mejor homenaje que puede tributarse a las personas buenas es imitarlas”.
Dios te bendiga.

El autor es sacerdote católico

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí