Hace dieciocho o diecinueve años, estando ya muy próximo el Día de las Madres, mis dos hijas Nicole y Enna Guadalupe se me acercaron muy emocionadas para decirme que ya sabían lo que le regalarían a su madre en su día. Me mostraron un poema que habían encontrado en la escuela, cuyo título era El ángel de los niños. Me pidieron que las llevara a uno de esos lugares que confeccionan trofeos y placas conmemorativas para dar a hacer una placa en bronce para regalársela. El poema a mi juicio es uno de los más bellos reconocimientos a ese ser casi divino que llamamos madre. Dice así:
“Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:
—Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo viviré? Tan pequeño e indefenso como soy.
—Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te está esperando y que te cuidará— le respondió Dios.
—Pero aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso me basta para ser feliz.
—Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
—¿Y cómo entender lo que la gente me habla, si no conozco el idioma que hablan los hombres?
—Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
—¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
—Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.
—He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?
—Tu ángel te defenderá aún a costa de su propia vida.
—Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor. —Tu ángel te hablará de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo, mientras el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos, sollozando: —¡Dios mío, ya me voy, dime su nombre! ¿Cómo se llama mi ángel?
—Su nombre no importa, tú la llamarás: MAMÁ”.
He querido comentarles esta anécdota familiar y compartirles el poema, porque en estos momentos estoy pasando uno de los peores momentos de mi vida. Mi ángel está a punto de regresar donde el Creador y no estoy preparado para dejarla ir y vivir el resto de mis días con su ausencia física. En realidad, no creo que haya un hijo que no se le encoja el corazón ante la inminente pérdida de su ángel. El que Dios escogió para mí, ha sido el más dulce, abnegado y tierno que hijo alguno haya podido tener.
No hace mucho un amigo pasó por el mismo trance, en esa ocasión en un intento de darle un poco de consuelo le aseguré que las madres tenían un privilegio divino, que Dios les permitía desde el cielo seguir protegiendo y cuidando a sus hijos. Hoy quiero decirles que estoy totalmente convencido que mi madre, Mercedes, Merceditas, o Meche como le decimos cariñosamente, siempre va a estar conmigo con mi hermano y sus nietos.
Espero poder tener la oportunidad de llegar a tiempo y estar con ella, pues reside en la Florida y mientras alistaba maletas para hacer el viaje más difícil de mi vida, para acompañar a mi hermano Jonathan quien la ha asistido todos estos años, quise rendirle este homenaje a ella y a todas las madres del mundo, pues ese ángel de que habla el poema, es irremplazable. Madre te amo.
El autor es el hijo de una madre que quiere compartir su amor y su dolor.