Con 8 años de edad, Joshua Didier Hernández Suárez tiene claro que no se debe maltratar a los animales. Cada mañana le pide a su madre Gertrudis Suárez que le empaquete unas pequeñas bolsitas con alimento, las guarda en su mochila y en el colegio le da de comer a casi diez perros hambrientos que de la nada aparecen a su alrededor.
Desde hace tres meses, al caer la noche, Joshua y Gertrudis salen a recorrer las calles con la intención de rellenar los recipientes que yacen vacíos en los postes de la vía pública. Joshua carga un galón con agua y en su mochila unas bolsas llenas del concentrado para perros.
Mientras Gertrudis se asegura de colocar nuevos recipientes, le explica a su pequeño hijo que debe colocar el alimento con sumo cuidado para no asustar a estos seres temerosos cuya existencia callejera ha estado marcada por el maltrato.
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Ambos caminan bajo el sol y sonríen cada vez que se arriman los canes sin hogar a los bebederos y comederos improvisados. “Mirá mamá, pobrecito, ese perrito andaba con hambre y sed”, dice este pequeño amante de los animales y también del futbol.
«Alimentando vidas»
Gertrudis tiene 32 años y se siente orgullosa de haber transmitido a sus hijos el respeto por todos los animalitos. Ella es madre de cinco niños que están entre las edades de once meses y 14 años. Además tiene 4 perros en casa. Esta madre cuenta a LA PRENSA que su familia se mantiene de las remesas que cada mes les envía su esposo desde el extranjero.
“Yo venía planeándolo desde hace mucho tiempo porque siento bastante amor hacia los animales y no me gusta que los maltraten y quería donar a alguna organización protectora, pero después reflexioné que también podía servir en mi comunidad a los perritos de mi barrio y sus alrededores”, cuenta Gertrudis.
Así nació el proyecto familiar “Alimentando vidas”, en la comarca Los Madrigales norte, en Carretera a Masaya. Gertrudis narra que antes pensaba que para hacer una obra social en pro de los animales se requería de mucho dinero, sin embargo comprobó que lo más importante es tener la voluntad y hacerlo.
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Convenció a su esposo de separar una cantidad del ingreso para comprar un quintal de croquetas y él secundó la idea. Ella contempla que un poco más de 600 córdobas mensuales es lo que su familia invierte en concentrado canino. “Ojalá se unieran más personas para lograr el cambio”, dice Gertrudis.
Un niño amoroso

Aunque Joshua es de pocas palabras, no oculta su amor canino y se levanta cada mañana a las 5:00 para empaquetar pequeñas porciones de comida. Al final de la tarde él siempre acompaña a su mamá para ponerle comida a los perros. “Lamentablemente, ayer nos quitaron los recipientes que pusimos, pero hoy los volveremos a colocar y el niño está muy feliz, de él nació hacer unas bolsitas con comida y se las lleva al colegio”, dijo Gertrudis.
Algunas veces Gertrudis se hace acompañar de todos sus hijos en su labor altruista. Ella cuenta que varios vecinos también se han sumado en pro de los animalitos de la calle y a veces sacan agua en las aceras de sus casas para los canes sedientos.
“Joshua cada día se motiva más y ha sido una buena experiencia como persona porque tenemos la oportunidad de mejorar”, dice esta madre quien se siente orgullosa del noble corazón de su hijo. “Si todos lo hicieran, sería muy distinto”. Lamenta que pocos se unan a la causa.

En tres meses, madre e hijo han mantenido “Alimentando vidas”, pero no todo ha sido fácil. En las últimas semanas observaron a otro niño retirando el alimento de los recipientes colocados en la calle y han optado por salir a rellenarlos en horas de la noche. También han sido víctimas del vandalismo y algunos desconocidos les han retirado los utensilios colocados en la vía pública por simple gusto.
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“Joshua es muy amoroso”, dice su madre. Este pequeño asiste por la mañana a la escuela, cursa el tercer grado, por la tarde cumple sus deberes escolares y al caer la noche ambos ponen manos a la obra. Con mochila en su espalda cargada de alimento y un galón de agua fresca Joshua inicia el recorrido. Se siente recompensado cuando los canes se acercan a los comederos y bebederos e incluso, algunas veces les siguen en señal de agradecimiento.