Anécdotas del prócer indio Tomás Ruiz

Nuestro prócer indio, doctor y presbítero, Tomás Ruiz, era ingenioso y poseía una memoria prodigiosa. El escritor nicaragüense Juan Felipe Toruño nos narra esta anécdota: “Al sustentar su tesis para doctorarse en Guatemala, había uno de los examinadores que se ensañaba con él, tratando de acorralarlo, pero por más que se esforzó no pudo conseguirlo. Así que concluyó la ceremonia de preguntas y respuestas; al dispersarse los miembros del Jurado examinador, queriendo el dicho clérigo burlarse de Ruiz, le preguntó con astucia: ‘Su biblioteca ha de sumar numerosos y raros libros: quisiera conocerla’. ‘Pues… ya la conoció –le respondió– la tengo aquí, en mi cabeza’. Mas, no bastándole eso al instigador, al despedirse le dijo: ‘Adiós doctor sin biblioteca’. Y Ruiz, riéndose, le espetó: ‘Adiós biblioteca sin doctor'». El padre Tomás Ruiz fue el primer indio centroamericano que se graduó de doctor en la Universidad de San Carlos, de Guatemala.

Otra anécdota que refiere Toruño hace alusión a la portentosa memoria del padre Ruiz: “Uno de los amigos del doctor Ruiz era el dominico fray Matías de Córdova, su maestro… Cierta vez que el doctor Ruiz se encontraba en su cuarto de estudio, fue de pronto interrumpido por la amable presencia de su buen amigo fray Matías de Córdova. Este, con visible embarazo, dijo al doctor Ruiz que tuviera la bondad de escuchar la lectura de una composición que había escrito y que se intitulaba La tentativa del león y el éxito de su empresa. A continuación, leyó a su colega los clásicos endecasílabos de aquella fábula… Terminada la lectura, quedó el padre Córdova esperando el parecer del doctor Ruiz, quien no decía nada, pero sí reía socarronamente… El doctor Ruiz le dijo al padre Córdova: ‘No le extrañe a usted esta ocurrencia, pero durante la lectura de esos hermosos versos, he estado admirando los raros fenómenos que ofrece la memoria… Esa fábula que usted acaba de leerme y de la que ha creído ser su autor, la conozco yo desde hace algunos años’. A Fray Matías poco le faltó para caerse muerto; pero el doctor Ruiz se apresuró a decirle: ‘No se sorprenda su paternidad, es cosa que a cualquiera puede pasarle. Usted leyó esa fábula y la olvidó enseguida y después sin darse cuenta, la ha recordado de pronto y tomándola por suya la ha escrito sin sospechar, siquiera la falta en que incurría’… Fray Matías estaba muriéndose de vergüenza… Con esto el buen dominico rompió nervioso la fábula y terriblemente turbado suplicó al doctor Ruiz le perdonara y guardara el secreto de lo ocurrido, pues le dolería en el alma que llegara a saberse. Posteriormente, Ruiz copió la fábula en español y la guardó en su cartapacio. Por la tarde del noveno día llegó el buen fraile todavía a visitar a su amigo, quien, de primas a primeras, le pidió cuentas de la fábula. El padre Córdova, rojo de vergüenza, suplicó al doctor Ruiz un poco de indulgencia en atención a la molestia que le causaba tal recuerdo. Pero el doctor Ruiz le dijo: ‘Me perdonará su paternidad pero todo ha sido una broma. Tengo, agregó, una memoria tan feliz, que me bastó haberle oído una vez la fábula para poder hacer de ella la versión latina y los versos griegos que le recité; pero tranquilícese su paternidad: la magnífica composición es obra original suya; y lo ocurrido una pesada broma de este su amigo que por ello le pide mil perdones’. Poco tiempo después salía a la estampa la famosa fábula de fray Matías de Córdova; que fue dada a las cajas de puño y letra del doctor Tomás Ruiz”.

Hay otra anécdota, narrada esta vez por el doctor Nicolás Buitrago: «Un Jueves de Corpus el obispo de León, fray Nicolás García Jerez, se encontró en el atrio de la iglesia de Sutiaba con el padre Ruiz, quien removía unos huesos recién exhumados para trasladarlos al cementerio. Al verlo le preguntó: ‘¿Qué haces allí, padre indio?’ Y la respuesta fue: ‘Tratando de encontrar en estos huesos la diferencia entre el indio y el blanco’”.

El autor es jurista.

 

Opinión Tomás Ruiz archivo
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