Faltando tres meses para las elecciones del 7 de noviembre, Daniel Ortega no tiene competidores porque los que pudieran serlo se hallan retenidos unos en los calabozos del nuevo Chipote, y otros con arresto domiciliar, tal como es el caso de Cristiana Chamorro Barrios, quien se encuentra estrictamente vigilada en su casa de habitación por la Policía orteguista.
A todos los prisioneros políticos se les han atribuido delitos contemplados en la funesta Ley 1055, pero el régimen sandinista los ha inhibido de todos sus derechos sin presentar pruebas. En conclusión, todo obedece al temor que tenía Ortega a esos aspirantes presidenciales. El caudillo sandinista en su obsesión de prolongar su presencia en el poder no le importa caer en el abuso de autoridad, y para darle un tinte “legal” a sus arbitrarios procedimientos dicta órdenes a la Fiscalía, ante la cual ha hecho desfilar mediante citatorias a los que hoy son presos políticos.
Está visto que Ortega sin competidores no se le dificulta “llegar lejos”, y por eso hace maniobras peores a las que usaba Somoza. Por eso se ha visto precisado a encarcelar a sus adversarios aplicándoles como mínimo noventa días para “investigarlos”, de manera que al recuperar la libertad, porque tienen que restablecerla, ya no les quedará tiempo para ejercer su derecho de optar a la elección de la Presidencia de Nicaragua. El abuso del poder totalitario ha sido tal que apenas se enteró de la postulación de la señorita Berenice Quezada para la Vicepresidencia de la República, representando al partido CxL, a través de sus mecanismos de represión la acusó de acciones no cometidas por ella, como “incentivar la violencia en el país a través del odio”. En realidad, todo obedece a que esta simpática embajadora de la cultura que dignamente representó a Nicaragua en el concurso de Miss Universo, tiene el suficiente potencial para haber podido enfrentarse en las lides eleccionarias del 7 de noviembre y contribuir al cambio de Nicaragua, derrotando a Ortega y a su séquito dictatorial.
El Ministerio Público, que deberían estar al servicio estricto del pueblo, se han convertido en fiel servidor de la pareja presidencial, parcializando sus funciones para crear en el ámbito nacional un clima de absoluta inseguridad ciudadana.
Es preciso anotar que la señorita Quezada, representativa de la belleza nicaragüense, por los mismos merecimientos que le asisten y que la distinguen al haber participado en ese certamen sentimental, nunca pudiere ser una persona confrontativa como ha pretendido hacerla aparecer el gobierno sandinista. Ella es una reserva moral y cultural que enorgullece a nuestra sociedad.
Es lamentable que el señor Ortega esté ocupando el poder para ensañarse con tantas damas a quienes tiene encarceladas, pues se entiende que como varón debería poseer la suficiente caballerosidad para darle un trato especial a la que por su género se tienen ganadas las mejores adulaciones que para una mujer deben existir en el fecundo lenguaje de cuanta consideración se le debe profesar.
El autor es periodista de Somoto.