El caudillo sandinista Daniel Ortega mandó a sus emisarios a cumplir la formalidad burocrática, de inscribirlo en el Consejo Supremo Electoral, para ser reelegido el 7 de noviembre próximo a otro período presidencial.
Esta será la cuarta reelección presidencial de Ortega, la tercera consecutiva y la segunda en compañía de su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta de Nicaragua. Nadie en los 200 años de historia política nacional se había reelegido tantas veces ni había permanecido tanto tiempo en el poder, ni se había hecho acompañar por su cónyuge como vicepresidenta y mucho menos en dos períodos consecutivos.
Podemos imaginar que los dictadores liberales José Santos Zelaya, Anastasio Somoza García y Anastasio Somoza Debayle, tan aficionados como eran ellos a la reelección presidencial, se habrían puesto pálidos de envidia de haber podido conocer la trayectoria y los récords del actual hombre fuerte de Nicaragua.
Daniel Ortega ha desoído el consejo de su gran correligionario izquierdista de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien —según reportó el lunes de esta semana la revista en línea Confidencial—, declaró a una periodista mexicana que “si pudiera darle un consejo a Ortega” le diría que “para Nicaragua, una alternabilidad en el Gobierno sería buena”.
Lula da Silva es la personalidad política de izquierda más importante de América Latina. Antiguo obrero metalúrgico y sindicalista, fundador y ahora presidente honorario del Partido de los Trabajadores, Lula fue presidente de Brasil en dos períodos consecutivos, del 1 de enero de 2003 al 31 de diciembre de 2010. Lula da Silva y los extintos dictadores de izquierda extrema, Fidel Castro y Hugo Chávez, crearon el Foro de Sao Paulo con el fin de promover la toma del poder por cualquier medio de los partidos izquierdistas en toda América Latina.
Pero personalmente Lula ha sido respetuoso de la democracia. Después de gobernar durante dos períodos presidenciales no pretendió reelegirse por segunda vez, a pesar de que tenía un altísimo promedio de aceptación popular. Lo cual no significa que no sea un gran aficionado al poder político, pues ahora tiene la intención de presentar su candidatura presidencial en la elección del próximo año, para la cual una reciente encuesta le otorga 49 por ciento en intención de voto.
En sus declaraciones a la periodista, dramaturga y novelista mexicana Sabina Berman, Lula da Silva dijo que “si pudiera darle un consejo a Daniel Ortega, se lo daría a él y a cualquier otro presidente. No abandone la democracia. No deje de defender la libertad de prensa, de comunicación, de expresión, porque eso es lo que fortalece la democracia”.
Lula también reveló lo siguiente: “Yo le decía a (Hugo) Chávez y a (Álvaro) Uribe, que toda vez que un gobernante se empieza a creer insustituible surge un poco de dictadura en ese país… Creo que tiene que existir relevo en la gobernanza de un país para que la sociedad vaya perfeccionando su participación democrática. A veces se equivoca. A veces tiene éxito”. A Lula le faltó decir que cuando el gobernante que se cree imprescindible se atornilla en el poder para siempre, ese “poco de dictadura” del comienzo se convierte inevitablemente en una tiranía que puede llegar a ser monstruosa.
La experiencia de Lula da Silva en Brasil, Michelle Bachelet en Chile y José “Pepe” Mujica en Uruguay, demuestra que lo malo no es que la izquierda tome el poder. Como tampoco lo es que lo tome la derecha. Lo malo y más bien lo peor, es que quien quiera que sea —de izquierda o de derecha—, se aferre al poder y a fin de retenerlo para siempre imponga una dictadura brutal y despiadada.