Danos, Señor, de tu pan

Es importante en la vida el compartir, cuando Jesús multiplica los panes y peces quiere enseñarnos que “quien bien comparte, es capaz hasta de hacer milagros”.

En el mundo sobra pan, pero falta solidaridad. La vida no debe centrarse solo en lo material, en el trabajo exagerado o en el placer desenfrenado.

Una sociedad materialista y consumista produce personas máquinas con hambre insaciable por solo tener y llenarse de cosas. Esta sociedad es una sociedad fría e inhumana en la que también faltará, por eso mismo, el pan.

Una familia en la que solo giren sus miembros alrededor del pan, del carro o la moto, del celular y el videojuego, de las fiestas, del derroche, que está sembrando su propia destrucción.

Cuando se educa solo para tener, para saciar el hambre de pan, se construyen seres humanos con derechos y exigencias y sin obligaciones algunas, propensos a seguir haciendo un mundo de corrupción.

El materialismo de la vida y el consumismo pueden que nos llenen el estómago, pero nos dejan el alma vacía y nos embrutece.

La vida no se construye con solo pan ni se realiza con tener llenas las ollas de carne, como pretendían los israelitas en el desierto (Num 11, 4): El pan no es lo absoluto, aunque sea necesario.

El pan no lo es todo, aunque sea una parte esencial de la vida. El estómago no es todo el hombre, aunque también pertenece al cuerpo.

Nuestro Dios no puede ser “el vientre”, como nos dice San Pablo en su carta a los Filipenses: “La perdición los espera, su Dios es el vientre y se sienten muy orgullosos de cosas que deberían avergonzarlos. No piensan más que en las cosas de la tierra” (Fil 3, 19).

“No sólo de pan vive el hombre”. El ser humano necesita de otras cosas que no son pan (Dt 8, 3). Estamos convencidos de ello; pero, sin embargo, hacemos girar toda nuestra vida solo en torno al pan, al tener.

Lo único que nos quita el sueño es el tener o no tener. Nos parecemos a la gente del evangelio a quien Jesús le dice: “Les aseguro que me buscan no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse… Busquen el alimento que perdura” (Jn 6, 26-27). Cuantos solo buscan prosperidad y abundancia aún en las cosas de Dios.

Trabajamos y luchamos solo para tener; pero mal vivimos; por eso decía Santa Teresa de Calcuta: “Cuando las cosas se adueñan de nosotros, nos volvemos muy pobres”.

Nos aferramos angustiosamente para que el pan abunde; pero ni disfrutamos de la vida ni de la convivencia.

Por eso, dice así un escrito: “En su juventud perdió la salud buscando dinero; en su madurez perdió su dinero buscando salud. Y ya, sin dinero y sin salud, allá está el pobre en su ataúd”.

Cuando nuestra vida se cifra solo en el pan, en el tener, nos deshumanizamos; es preferible un hombre sin dinero que al dinero sin hombre. Por eso: “Busquen el alimento que perdura”. (Jn 6, 22-29). O como dice San Pablo: “No imiten a los paganos que se mueven por cosas inútiles” (Ef 4,17).

Vivimos en un mundo donde el hambre de pan abunda por nuestra falta de solidaridad; pero estamos construyendo un mundo despersonalizado, deshumanizado, sin razones ningunas por las que vivir.

Jesús se nos ofrece como el pan que puede saciar nuestra hambre de ser cada día más: “El que viene a mí, no pasará hambre” (Jn 6, 35).

Es necesario que gritemos, por eso también, como la gente del evangelio: “Dános siempre, Señor, de ese pan” (Jn 6, 34).

El autor es sacerdote católico.

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