Colocho vs. el Rosita

Al estilo de un coliseo de una provincia romana, anuncian el espectáculo taurino de la monta del Colocho al temido toro el Rosita en la barrera de Niquinohomo, durante la corrida en las festividades de Santa Ana.

El Colocho es un joven originario de Rivas, quien perdió uno de sus ojos hace más de dos meses en la barrera de Masatepe, cuando se celebran las fiestas tradicionales del pueblo que vio nacer al escritor Sergio Ramírez Mercado. La tragedia sucedió al desafiar a este animal traído de la hacienda de la familia Incer de la ciudad de Rivas.

El pregonero de la corrida advierte a los asistentes que el toro en cada redondel deja huellas con al menos un muerto y los invita a tener “ojos de tigre” para estar pendiente de la salida del bovino.

“Hoy estaría cumpliendo 22 años Paulino, quien era hermano del Colocho y que perdió la vida en los redondeles, murió en su ley, como les gusta a los jinetes”, recordó el presentador del espectáculo, quien con su voz dramática mantiene en vilo a las más de mil personas.

Faltan pocos minutos para soltar al semoviente con su montado, pero antes requieren que saquen del redondel a un joven con problemas mentales, porque temen que podrían llevar una desgracia a la casa del infortunado, también piden sacar del redondel a los que andan en estado de ebriedad.

Lo catalogan en el top 10 de peligrosidad, piden a las bandas que redoblen segundos antes de salir del bramadero… Se viene el Rosita con el único valiente que viene a pedir la revancha.

Sale el animal con la cola amarrada a un cascabel, dando grandes brincos, son pocos los que desafían con su capas a sacarle un tiro, como dicen los toreros, en menos de tres minutos el montado cayó al suelo y en segundos lo lanza por los aires y con sus cuernos luego lo embiste en el suelo, sus amigos hacen sombra para distraer al enfurecido toro y logran ponerlo a salvo, la embestida no logró poner su vida en peligro.

El público grita desesperado, pero se lanza en ovaciones al intrépido montado que promete seguir en este juego taurino, donde pone en riesgo su vida en una tradición que se resiste a desaparecer, como parte de las tradiciones legendarias que se mantienen a la par de la piedad popular.

No pretendo hacer apología de la muerte, pero expongo una de las tradiciones populares de Nicaragua que se resiste a desaparecer a pesar que el poeta Rubén Darío advirtió que la modernidad acaba con la vida provinciana.

En los pueblos y ciudades luego de las corridas de toros siguen por las noches las fiestas en los “chinamos” donde los intrépidos toreros acuden a celebrar sus hazañas ofrecidas al público, bajo un ambiente bohemio.

El autor es periodista.

Opinión Niquinohomo Rivas Sergio Ramírez Mercado archivo
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