La oposición, ahora encabezada por Ciudadanos por la Libertad con el aval discreto de Daniel Ortega, ha demostrado infinitas veces no estar a la altura de la delicada realidad nicaragüense. Y sin embargo, a pesar de jugar sus cartas a favor del régimen Ortega-Murillo, facilitándole su permanencia, insisten en ser el camino viable, la salvación redentora que necesita Nicaragua en este contexto turbulento.
Permitir que las mismas prácticas de corrupción, violencia y autoritarismo sigan aconteciendo bajo la luz del pragmatismo abanderado de oposición, es no creer firmemente en que otra Nicaragua sea posible. No, Kitty Monterrey no es redentora ni la única esperanza, tampoco su autoritarismo y sectarismo deben confundirse con fortaleza. Por años hemos señalado el sistema viciado que no permite condiciones para un proceso electoral libre y transparente. Este señalamiento se potencia hoy con siete aspirantes a candidatura presidencial neutralizados con cárcel para poder participar de un proceso que desde un principio fue inviable a la luz de la democracia y transparencia.
Hoy más que nunca es urgente que exijamos tanto al régimen Ortega-Murillo como a la supuesta oposición, lo que el pueblo de Nicaragua merece: Respeto y justicia. Como ciudadanos creyentes en la justicia y democracia, solo nos queda deslegitimar estas elecciones que por falta de garantías democráticas políticas y legales solo se les puede calificar como una farsa.
Sin reformas electorales no hay garantías y por ende no existe la posibilidad de elegir con legitimidad. Para elegir, debe primar una condición fundamental: Libertad. En Nicaragua decidió el dictador Ortega-Murillo desde que se sentó en una mesa de diálogo para oxigenarse.
La condena histórica cae sobre todos los que se prestaron y se siguen prestando a esta infame burla. La lucha sigue siendo del pueblo que puso su sangre en las calles.
Hoy la República exige la condena a un proceso que jamás fue viable como salida, a un proceso en el que impera la violencia y falta de respeto al pueblo nicaragüense, principalmente a quienes fueron asesinados, y a quienes hoy están exiliados y encarcelados injustamente por creer que otra Nicaragua es posible.
¡No hay elecciones sin libertad!
El autor es poeta, narrador y economista. Autor de Ruinas del árbol (Managua: 400 Elefantes, 2017) y El muro abierto (Casasola, 2021). Ha publicado en revistas electrónicas e impresas latinoamericanas y europeas. Sus poemas han sido traducidos al italiano y griego.