Sotana y política

Monseñor Ovidio Pérez Morales, arzobispo emérito de Venezuela y expresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, ha publicado con el mismo título de este editorial un artículo en El Nacional, de Venezuela.

Sin perjuicio de sus particularidades, los procesos sociopolíticos de Venezuela y Nicaragua son semejantes y sus líderes tienen los mismos objetivos, socialistas autoritarios. Por lo consiguiente, las condiciones en las cuales tiene que funcionar la Iglesia católica en ambos países, también son parecidas y en algunos aspectos hasta iguales. De manera que lo que escribe el arzobispo emérito venezolano sobre su país, tiene mucho sentido y validez también para Nicaragua.

Monseñor Ovidio tiene 89 años de edad, está retirado después de mucho tiempo de servicio en la Iglesia de Venezuela, durante el cual ejerció la función sacerdotal y episcopal en varios lugares del país, así como la docencia en seminarios de formación sacerdotal y en la Universidad Católica Andrés Bello. Además ha publicado 26 libros sobre “temas de la realidad social, política y religiosa no solo de su país natal sino del continente y otras parte del mundo”, según dice el periódico El Guardián Católico, de Venezuela.

En su artículo “Sotanas y política” publicado el jueves 29 de julio, monseñor Ovidio Pérez advierte necesariamente que “el acusar de intromisión religiosa en política no es nada nuevo. A Jesús le achacaron querer suplantar al emperador romano, por eso sentó el principio ‘dad a César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’”.

El arzobispo emérito venezolano dice que para responder a la pregunta de si la Iglesia debe meterse o no en política, hay que tener claro que lo político puede significar tres cosas: “una dimensión fundamental de lo humano —de naturaleza social— y por tanto lo relativo a la comunidad política (polis)”; o “el poder o autoridad en la misma política”; o “la organización y actividad de los partidos políticos, que buscan el acceso al poder o su recuperación”.

Por otra parte, explica el religioso venezolano que “por Iglesia puede entenderse a) la comunidad de todos los creyentes y bautizados; b) el sector jerárquico en ella (obispos, presbíteros y diáconos); c) los laicos o seglares, los cuales constituyen la casi totalidad de la Iglesia”.

Precisa monseñor Pérez que si la Iglesia se entiende por la comunidad de los bautizados y creyentes, y por política la participación en la polis, la Iglesia debe meterse en política, “por la condición social del ser humano y porque el compromiso social, caritativo, es una de las dimensiones de la evangelización”, cual es precisamente la misión de la Iglesia. Y señala que en esa dimensión de la política es que ha de participar la jerarquía eclesiástica, “pero no en el de poder ni en el de actividad partidista”.

Citando al Directorio para el ministerio pastoral de los obispos, emanado en Roma, el arzobispo emérito venezolano resalta que “el obispo está llamado a ser un profeta de la justicia y la paz, defensor de los derechos inalienables de la persona, predicando la doctrina de la Iglesia, en defensa del derecho a la vida desde la concepción hasta su conclusión natural, y de la dignidad humana; asuma con dedicación especial la defensa de los débiles y sea la voz de los que no tienen voz para hacer respetar sus derechos”. Y señala que obispos como san Arnulfo Óscar Romero en El Salvador “no tuvieron que quitarse la sotana, antes bien, debieron ajustarla, para ser coherentes con su misión”.

Es lo mismo que han hecho los obispos de Nicaragua —agregamos nosotros—, sobre todo en los últimos años.

Editorial Conferencia Episcopal Venezolana El Nacional archivo
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