Apolo se venga de Aquiles

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Se conoce que Aquiles, el más intrépido y poderoso de todos los combatientes griego en la Guerra de Troya, era invulnerable en todas las partes de su cuerpo salvo en el talón derecho. No obstante, murió en la guerra.

Homero no dice en La Ilíada cómo murió Aquiles. Su relato épico termina cuando Aquiles mata a Héctor y después de arrastrar su cadáver alrededor de Troya nueve días, accede a entregarlo a los troyanos para que le hicieran las honras fúnebres que merecía.

Tampoco menciona Homero la vulnerabilidad de Aquiles en su talón derecho. Fue otro poeta clásico griego pero del siglo I después de Cristo, Estacio, quien en su poema heroico Aquileida relata que al nacer Aquiles, su madre, Tetis, una diosa marina, lo sumergió en las aguas sagradas de la laguna Estigia para tratar de hacerlo inmortal. Mas, para sumergirlo tuvo que tomarlo del talón derecho y esa parte de su cuerpo no pudo quedar protegida.

Aquiles mató a centenares de guerreros enemigos, incluyendo a Héctor, general en jefe de los ejércitos de Troya que hacían frente a los griegos. Pero a él, Aquiles, nadie lo podía matar, ni que lo atacaran cien hombres a la vez. Hasta que Paris pudo lograr la hazaña pero solo porque el dios Apolo así lo quiso.

Apolo quería castigar a Aquiles porque este había profanado su templo en Troya, al violar sexualmente en su interior a una mujer y también porque allí asesinó a Troilo, uno de los hijos de Príamo, el rey de Troya.

La versión más sencilla y breve de la muerte de Aquiles es que en medio de uno de los combates, Paris disparó una flecha contra él que, guiada por la mano de Apolo, le acertó exactamente en el talón derecho donde radicaba su vulnerabilidad.

La otra versión es un poco más complicada pero igualmente dice que es la voluntad de Apolo la que determina la muerte de Aquiles a manos de Paris. Es la siguiente:

Príamo ofrece a Aquiles la mano de su hija Polixena a cambio de que deje de pelear y convenza a los griegos de poner fin a la guerra. Aquiles es enamorado de a Polixena, quien no objeta el plan de su padre porque quiere vengar la muerte de Troilo.

Polixena le finge a Aquiles un ardiente enamoramiento y en medio de conversaciones románticas logra que le confíe su debilidad física. “Pues no hay secreto que las mujeres no puedan arrancar a los hombres como prueba de amor”, escribe Robert Graves en su obra clásica Los Mitos Griegos.

Polixena pide a Aquiles que vayan al templo de Apolo para comprometerse ante el que el dios más venerado por los troyanos. Entran descalzos como es de rigor y estando allí se presenta Deífobo, otro hermano de Polixena, para felicitarlos. Y mientras lo abraza, Paris, desde su escondite detrás de una columna, dispara una flecha envenenada que conducida por la mano de Apolo va a incrustarse en el talón derecho de Aquiles.

Pero Aquiles no muere al instante. Odiseo, Ayax y Diomedes lo han seguido temiendo una trampa y están ocultos fuera del templo. Cuando Aquiles grita por el dolor, ellos entran y el héroe les pide que sacrifiquen a Polixena sobre su tumba.

Aquiles recibe los honores fúnebres que corresponden a su rango y fama. Su cadáver es incinerado y sus cenizas, mezcladas con las de su amigo Patroclo a quien Héctor había dado muerte, son guardadas en un cofre de oro que hiciera Hefesto, el dios herrero del Olimpo, como regalo de bodas de Dionisio a Tetis.

Se cuenta que en el Ponto Euxino (Mar Tranquilo), como llamaban los antiguos griegos al mar Negro, había una isla llamada Aquilea en honor de Aquiles. Allí estaba su sepulcro, dentro de un templete hecho para rendirle culto y alrededor del cual no se acercaba jamás ninguna clase de pájaros.

Jean Francois Michële Noel dice que Homero (el ilustre poeta griego de la antigüedad a quien se considera autor de La Ilíada y La Odisea) vivió en aquella isla donde se dedicaba a pastorear ovejas. Homero solía poner ofrendas en la tumba de Aquiles y en una ocasión rogó que el héroe que se le apareciera. Se presentó Aquiles, pero el resplandor que lo envolvía era tan poderoso que dejó ciego a Homero para el resto de su vida.

 

Opinión Aquiles Homero Troya archivo
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