Este año hemos visto el salto de Luis Montealto, del Rivas, a los planos cimeros del bateo de poder; la evolución de Félix Carrasco desde el montículo con Estelí; la consistencia de Braulio Silva en su rol como “as” del Bóer, y la batalla de Jimmy González por el liderato de bateo, a pesar de su edad.
Sin embargo, ¿para usted, qué ha sido lo más sorprendente? Quizá sea el regreso de Samuel Estrada a los niveles que mostró hace algunos unos años con los Dantos, antes de que lesiones e inconsistencias lo sacaran de acción.
Estrada tiene 13-4 y 1.88 en 115.2 innings con el Matagalpa. Ha completado 11 de sus 20 aperturas y eso incluye seis lechadas, mientras concede 27 boletos y propina 58 ponches, en una labor que ni él mismo se imaginó.
Para comprender el vuelco que Samuel ha dado, tiene que considerarse que desde 2017 su carrera se vino abajo. Ese año, lanzó en un juego y no sacó outs y como permitió dos carreras limpias, su efectividad fue infinita.
En los años siguientes no le fue mucho mejor. En 2018 tuvo 0-2 y 6.12. Los Dantos lo dejaron fuera y con Madriz resumió 0-3 y 6.40 en 2019, mientras pasaba fugazmente por Estelí en 2020 y cerraba con 2-1 y 7.50. ¿Qué le parece?
Antes de ese terrible bache, Estrada llegó a ser uno de los lanzadores de mayor dominio a nivel local. Inició en 2014 con 11-6 y 2.59. Saltó a 12-2 y 2.09 en 2015, antes de lograr 12-6 y 3.18 en 2016 en una llamativa consistencia.
Con su estilo incómodo de disparos laterales y por debajo del brazo, Estrada resultaba tan difícil de batear, que hizo el equipo nacional que Nicaragua llevó al Preclásico del beisbol en Mexicali en 2016. Y no se vio mal. Sin embargo, se lastimó y comenzó a naufragar.
Ahora en Matagalpa encontró tierra firme y sin hacer mucho ruido, se ha vuelto el estelar lanzador de los Indígenas, pese a la presencia de Berman Espinoza (8-4 y 2.15) y Wilder Rayo (9-6 y 3.66) en el staff norteño.
Junto a Berman, Rayo y Gustavo Martínez, llegado como refuerzo, Estrada ha dado estabilidad a una rotación que solía ser el talón de Aquiles del Matagalpa. Su consistencia ha sido admirable y eso nadie lo anticipó, pero está sucediendo.
Es difícil encontrar en el actual Pomares a un jugador que haya dado un giro tras drástico desde las cenizas hacia la cima, como lo ha hecho Estrada, quien debe ser el seguro retorno del año en este torneo.
De Montealto se sabía que era un joven en proceso de madurez, sobre Carrasco habíamos visto destellos de su evolución el año pasado y de Braulio Silva se sabía de su arsenal y del progreso que iba mostrando su juego.
Pero, ¿cuántos anticiparon un trabajo tan brillante como el de Estrada con Matagalpa? ¡Nadie! Y menos de un lanzador descartado por varios equipos, porque hasta en el Bóer buscó un lugar y no se lo ofrecieron.
Sin embargo, la parte más importante de todo es que el tirador de 35 años no dejó de creer en él y lejos de prestar atención a la opinión de los demás, oyó su voz interior y de ahí se impulsó con fuerza hacia la cima.
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