Voz que clama en el desierto

La Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Managua (de la Iglesia católica de Nicaragua), dio a conocer este miércoles 7 de julio su Mensaje No. 22. De manera muy significativa, este mensaje comienza con un párrafo, a título de epígrafe, del Evangelio de Lucas en el cual se cita a Juan el Bautista:

“¿Y nosotros qué debemos hacer?”, preguntaron a Juan unos soldados. Y el Bautista les contestó: “No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas”.

Estas palabras bíblicas no podían ser más apropiadas para las circunstancias actuales de Nicaragua, cuando los policías —que para el caso son iguales que los soldados a los que habló Juan el Bautista— están abusando de personas que en legítimo ejercicio de sus derechos ciudadanos, demandan elecciones libres para que pueda haber un cambio democrático cívico y pacífico. Y como en el Evangelio de Lucas, esos ciudadanos son víctimas de denuncias falsas de las autoridades policiales y fiscales, a fin de que sean condenados judicialmente por crímenes que no han cometido, sin reconocerles la garantía de presunción de inocencia y el derecho humano y constitucional a la defensa.

El Mensaje también cita unas dramáticas palabras del obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, dichas en la misa dominical de la Catedral de Matagalpa el 27 de junio pasado: “Hoy Nicaragua no solo tiene miedo, tiene terror, angustia y zozobra. ¡Cuántos nicaragüenses piensan que hemos entrado a un túnel, a una noche de oscuridad! ¡Cuánto miedo en la noche! La noche se ha convertido en sinónimo de miedo y terror”.

Además, la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Managua va directamente al tema crucial de las elecciones que se realizarán el próximo siete de noviembre:

“Frente al panorama electoral —dice la Comisión Arquidiocesana en su Mensaje—, debemos exigir con los medios disponibles el respeto al voto del pueblo para que las elecciones sean creíbles, justas y transparentes. Como cristianos abogamos por el respeto a la voluntad de los ciudadanos expresada en comicios libres, por el respeto a los derechos humanos de todos los nicaragüenses, de los injustamente detenidos y por la inmediata restitución de sus derechos civiles”.

Es un excelente Mensaje. Pero no solo autoridades de la Iglesia católica deben pronunciarse sobre la gran tribulación que sufre actualmente el pueblo nicaragüense. También lo deberían hacer los líderes de las iglesias evangélicas, que son parte de la misma gran familia nicaragüense que sufre la angustia mencionada por el obispo de Matagalpa y se cita en el Mensaje de la Comisión Arquidiocesana de Managua.

Este justo clamor de la Iglesia católica no debería perderse en el vacío, como “la voz que clama en el desierto” de la que en el mismo Evangelio de Lucas habla también Juan el Bautista, aludiendo a una antigua profecía de Isaías.

Ojalá que esa voz que clama en el desierto pudiera llegar a los oídos de todos, y permear especialmente los de quienes podrían poner fin a los abusos de poder y a las denuncias falsas para condenar a personas inocentes. Los mismos que tienen capacidad —pero hasta ahora lamentablemente carecen de voluntad—, para restablecer la tranquilidad pública devolviendo a los ciudadanos sus derechos y permitiendo que las próximas elecciones sean libres y transparentes.

Editorial desierto Iglesia Católica archivo
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