En Venezuela ha renacido la esperanza en que un acuerdo del gobierno con la oposición para que las elecciones regionales del próximo mes de noviembre sean auténticas, podría ser el comienzo de un proceso que conduzca a una salida democrática de la profunda crisis que sufre la población venezolana desde hace ya muchos años.
Esa posibilidad en Venezuela alienta también la esperanza de nicaragüenses que quieren el cambio democrático. Las dictaduras de Daniel Ortega y Nicolás Maduro son gemelas, aunque no necesariamente idénticas. Los procesos políticos de ambos países están interconectados. Si en Venezuela se abriera una salida democrática se fortalecería la posibilidad de que algo parecido pudiera ocurrir en Nicaragua.
Desde el 12 de mayo se planteó la posibilidad de un acuerdo político en Venezuela, cuando el líder opositor Juan Guaidó exhortó al régimen de Nicolás Maduro a realizar un nuevo diálogo entre Gobierno y oposición, ahora con una genuina voluntad de llegar a un resultado mutuamente satisfactorio.
Hasta ese día Guaidó venía manteniendo una posición firme, pero ineficaz, fundada en la triple exigencia de: primero, poner fin de la usurpación (de Maduro); segundo, inicio de la transición democrática; y tercero, celebración de elecciones libres y limpias. Pero esa estrategia que suponía el derrocamiento de Maduro, fracasó notoriamente a pesar de que se hicieron diversos intentos y se invirtieron muchos esfuerzos para cumplirla; y pese al robusto respaldo de gran parte de la comunidad internacional manifestada en el reconocimiento de Guaidó como presidente encargado de Venezuela por más de 40 Estados democráticos del mundo.
Lógicamente, el régimen de Maduro pone como condición que se levanten las sanciones de Estados Unidos y otros países, se liberen los activos de Venezuela congelados en el extranjero y se reconozca la legitimidad de su gobierno. Esas condiciones no son imposibles de cumplir, solo que Maduro tiene que dar previamente señales creíbles de que cumplirá la parte que le corresponde y que no aprovechará la nueva negociación para ganar tiempo y seguir aferrado al poder.
Para Guaidó lo más importante es que se ponga fin al estancamiento y la agonía del pueblo venezolano mediante un sólido acuerdo democrático. De manera que estaría anuente a que las condiciones de Maduro sean atendidas siempre y cuando acepte un cronograma para la celebración inmediata de elecciones libres, transparentes y verificadas internacionalmente, tanto de presidente de la República como de diputados a la Asamblea Nacional.
Hasta ahora el régimen no ha cedido, pero está dando pasos que alientan la esperanza del sector moderado de la oposición. El Consejo Nacional Electoral (CNE) ha declarado que está dispuesto a restablecer la figura de observación electoral que fue sustituida por la de “acompañamiento”, que no es otra cosa que apañamiento de compinches internacionales. También ha pedido el CNE que no se siga inhabilitando a dirigentes opositores y que a los inhabilitados se les restituyan sus derechos constitucionales. Y pide lo mismo para los partidos políticos que han sido proscritos.
Lo factores internacionales: Estados Unidos, la OEA y la Unión Europa, abogan por una salida racional de la crisis de Venezuela, nadie piensa en una solución de fuerza que en vez de resolver la crisis la complicaría más. El régimen de Maduro y la oposición están agotados, aunque en el discurso hagan alarde de fuerza y capacidad de resistencia.
La apertura a una salida democrática negociada en Venezuela podría impactar positivamente en Nicaragua y ayudaría a resolver la crisis de este país, que se está hundiendo de manera irremisible.