Poemas del alma

“Nada te turbe / vivo sin vivir en mí / yo toda me entregué y me di / si el amor que me tenéis / vuestra soy, para vos nací.” Santa Teresa de Jesús

Vivir en amor, para el amor en vida y más allá de todo, no es imposible y en estos tiempos difíciles, cruentos; donde hablar del amor está circunscrito al amor de pareja y se quiere ‘olvidar’ el amor disímil y solo el de la madre, es utilizado en forma comercial.

La convivencia propiciada por la pandemia ha traído diversas manifestaciones conductuales y procesos emocionales. Las madres solas o madres solteras requieren apoyo para la crianza de su prole, porque les cuesta llevar la crianza de niños y adolescentes.

Aún en compañía de las abuelas y padres se torna difícil el cuido y crianza, porque muchas veces las abuelitas malcrían y consienten demasiado. Ellas creen que el dejar hacer lo que se les ocurra a los nietos y darles apoyo, sin ponerles límites es la manifestación del amor y esto a la larga trae complicaciones; si a esto añadimos el comportamiento pueril del marido, como si fuera un niño se viene a generar más conflictos en la dinámica familiar.

Según la OMS, antes de la pandemia se tenía una población con un diez por ciento de alteraciones psicoemocionales y luego ascendió a un 30 por ciento. Y se descuidó otras afecciones orgánicas. No sabemos los alcances o efectos en la vida psíquica.

En forma privada las familias acuden cuando están al borde y creen que la psicología les resuelva en forma inmediata…

Los proceso conflictuales, traumas, neurosis y otras patologías cursan tiempo de evolución. No tenemos educación preventiva y apenas lidiamos con hechos observables o daño de un órgano y sentidos, pero cuidar el alma, la psiquis a muy poca gente se le ocurre y como es invisible la ignoramos, mientras ‘la procesión va por dentro’.

Estamos en duelo, con niveles y matices diferentes, con traumas que han ‘explotado’ en plena pandemia y el ‘circo’ o bar catártico se restringió y los brotes violentos neuróticos, psicóticos salen como ‘pan caliente’. Es una realidad que no se acepta y está como la sombra.

Nunca la convivencia con una misma ha ido fácil y figúrense con el marido, niños, la abuelita, tías, los gaticos y perritos. Menos mal que todavía tenemos las plantas, mariposas, pajaritos, playas y montañas que nos acompañan todavía, pero al paso predador que llevamos estarán de despedida y es que el autosuicidio es imparable y no comprendemos, que ya más nunca retornaremos a esa supuesta normalidad, porque todo cambió y de seguir con las conductas prepandémicas de contaminación al planeta la brecha vivible se acorta.

Esta pandemia es una nueva oportunidad de regenerarnos en todos los órdenes a nivel micro con nuestro cuerpo físico biológico, el psíquico, mental, espiritual o energético… con el mundo macro del grupo, de la burbuja, familia nuclear o primaria, de calle, zona o cantón, provincia, país ubicado en un punto con los otros países y planetas. Somos una minúscula vía láctea, que apenas desde el espacio se visibiliza un puntico maravilloso del entramado llamado vida con más vida (aún desaparecidos físicamente con lo que se llama muerte, somos abono nutricio) y otros espacios que se reciclan en familia, los recuerdos, memorias y es la eternidad del amor más allá de la palabra, de la inmediatez, de un sentir con honra a nuestros deudos.

Tan maravilloso el lenguaje sentido y del alma, que recuerdo de niña cuando mi mamá leía biografías de santas y mártires; era tanta mi devoción por las lecturas de Santa Teresita del Niño Jesús, al estudiar Libro de Vida, sus poemas, que ahora en apenas medio siglo de distancia, aparece por la magia de la tecnología, del internet, una espléndida biblioteca.

¿Será ‘una casualidad o causalidad’? Me arroba leerla y creo escuchar esa voz (la imaginaba de niña y me resuena). La santa moría a sus 24 años por tuberculosis, y acepta la muerte con resignación ni aspavientos, con una tranquilidad amorosa, así pues, les quería compartir a ‘mi amiga invisible’:

“La noche del Amor, ya sin parábolas, Jesús decía: ¡si alguien quiere amarme, / toda su vida guarde mi palabra; y le visitaremos yo ¡y mi padre! / viniendo a él, por siempre lo amaremos/ ¡su corazón será nuestra mansión…! / Vivir de Amor quiere decir tenerte, / verbo increado de mi Dios palabra. / Tú bien sabes, Jesús, que yo te amo / y el Amor de tu espíritu me inflama / ( …) Me hace feliz tan sólo tu mirada / ¡Vivo de Amor! / vivir de Amor, aquí sobre la tierra, / (…) Disipar el miedo / y el recuerdo de las faltas del pasado. / De mis pecados no percibo huellas, / pues el amor de Dios las ha borrado… “Vivir de Amor’’ (Santa Teresita de Lisieux. 26-02-1895)

La autora es psicóloga y promotora cultural.

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