Cuatro décadas

De noviembre de 1980 a diciembre de 2020, escribí artículos de opinión en diferentes medios de comunicación, especialmente en LA PRENSA.

Para que mi trabajo no quedara en el olvido y le fuera útil a las futuras generaciones, seleccioné la mitad y en 560 páginas acomodé 600 artículos, lo vi convertirse en mi último libro que titulé Cuatro Décadas, un trabajo artesanal, tedioso y lento, pero son las manualidades que Dios inspira y ya está en librerías y bibliotecas públicas.

En septiembre de 1980 trabajé con el ingeniero Jorge Salazar Argüello en su propiedad de Santa María de Ostuma. En octubre lo acompañé a una asamblea de cafetaleros en el teatro Margot de Matagalpa, él era el dirigente nacional del gremio y uno de los líderes del Cosep. Ahí estaban los principales confiscadores del sandinismo y Jorge los retó diciéndoles: “Ni nos vamos a Miami ni nos sometemos, si nos vamos a la montaña es a producir divisas para este país”. Jorge era una de las pocas figuras presidenciables de ese tiempo, la dictadura manda a sus sicarios para que lo asesinen a sangre fría en una gasolinera de Las Nubes en El Crucero, municipio de Managua, ese 17 de noviembre de 1980 Salazar se convierte en mártir, Daniel Ortega en tirano.

El 4 de marzo de 1983, el papa Juan Pablo II llega a Nicaragua y Ortega le da el peor recibimiento que un líder del Vaticano ha recibido en la historia.

En las elecciones de 1984 Ortega no permitió que participara la oposición con su candidato, el doctor Arturo Cruz. Ortega corrió con 5 zancudos y ganó.

En febrero de 1988 teníamos una devaluación del 33 mil por ciento, se realizó la desmonetización, nuestra moneda perdió tres ceros y los grandes comerciantes realizaban depósitos arriba de los cien millones de córdobas, esperaban retirarlos en córdobas nuevos cuando el Banco Central emitiera el decreto. Han pasado más de 30 años y el decreto nunca llegó, solo suicidios y éxodos masivos. ¿Quién se robó los miles de millones que quedaron depositados en los bancos? Nadie contesta; ni la dictadura, ni los dirigentes políticos que desesperadamente andan en busca de un curul de diputado ni los dueños de los bancos.

El 25 de febrero de 1990 gana doña Violeta, Ortega ordena a sus seguidores que en los dos meses de transición se roben lo que más puedan del Estado, los diputados aprueban una amnistía protegiendo a los ladrones, esto agiganta nuestra deuda interna que aún hoy continuamos pagando. El escritor y fórmula de Ortega, Sergio Ramírez, dice en su libro Adios muchachos, que la piñata sandinista fue un golpe mil veces más fuerte que la misma derrota electoral.

En 1993 el exmayor del ejército Víctor Manuel Gallegos —Pedrito el hondureño—, al mando de un grupo de armados asalta todos los bancos de Estelí y mueren durante el robo 45 personas. Los asaltantes recibieron amnistía y no regresaron nada del millonario asalto.

En 1996 Ortega dirige personalmente las asonadas y la quema de la Alcaldía de Managua, donde estaba Arnoldo Alemán, que llegó a presidente, pero Ortega “gobernaba desde abajo” con la complicidad de las fuerzas armadas. Enrique Bolaños llegó a la presidencia y su más grande logro fue poder terminar su periodo teniendo encima el descarado pacto Alemán-Ortega.

En enero del 2007 Ortega regresa al poder gracias al pacto con Alemán, desaparece el Estado de derecho, los diputados son convertidos en borregos, todo les llega aprobado desde El Carmen.

Luis Callejas y Violeta Granera tienen posibilidades de ganar las elecciones de 2016; el dictador ordenó que le quitaran la casilla del PLI y expulsó a todos sus diputados.

Ortega corrió con cuatro zancudos y ganó, le regaló un diputado a cada zancudo. El 10 de enero de 2017 en su demagogo discurso de toma de posesión dijo que Jorge Salazar fue un mártir. Por desconocimiento o ingenuidad, el camarógrafo orteguista buscó entre los invitados a los dirigentes del Cosep. Ramiro Gurdián y Chanito Aguerri, estaban sentados junto a los dos reconocidos sicarios que asesinaron a Salazar y hoy ocupan importantes cargos de gobierno.

El autor es periodista.

Opinión Banco Central Sergio Ramírez archivo
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