Atila Ortega-Murillo

Llega un momento en que el vaso se derrama, la paciencia se agota, la indignidad supera al miedo, y la chispa se enciende.

Los estimados lectores posiblemente habrán leído o escuchado sobre Atila el Huno, quien atacó varias veces al antiguo imperio romano, tanto el del Este como el de Occidente, y es conocido en la historia como el “azote de Dios” y como símbolo de crueldad, destrucción y rapiña.

Como la historia se repite, Atila reapareció en los últimos años en Nicaragua reencarnado en las personas de mis estimables presidente y primera dama. Nuestro país ha tenido en el pasado algunas noches oscuras, pero lo que han hecho los nuevos Atilas desde abril del 2018, y más recientemente en las últimas semanas no tiene precedente en su ilegalidad, vulgaridad, barbarie y crueldad.

Encarcelar bajo falsas acusaciones, inventos y “leyes” represivas e inconstitucionales hechas a su medida, y sin los debidos procedimientos constitucionales, a varios de los posibles candidatos opositores a la Presidencia, a prominentes líderes de la oposición, y a miembros de asociaciones pro-democracia, incluyendo damas, no tiene precedente, salvo en las dos o tres escorias de regímenes autoritarios y despóticos que todavía quedan en el mundo. Tampoco tiene precedente detener bajo casa por cárcel (no sé si todavía) a una dama solo por ser la esposa de un posible candidato opositor a la Presidencia.

A estas barbaridades y noches de terror y de “cuchillos largos” como se les ha llamado hay que añadir el hostigamiento, mediante citas para declarar, a casi 50 personas y representantes de instituciones con algún tipo de relación con los detenidos, así como el ataque a la Junta Directiva de Funides, un centro de pensamiento que aboga por la institucionalidad como base para el crecimiento económico y la reducción de la pobreza en Nicaragua.

Como la vida da varias vueltas, la lista se amplió mientras escribía este artículo ya que el domingo pasado arrestaron, entre otros, a tres exmiembros prominentes del FSLN, dos de los cuales protegieron y combatieron a la par del nuevo Atila. Con estas detenciones los encarcelados ya suman 15 y estoy seguro de que cuando se publique este artículo la lista habrá crecido aún más.

Aparte de la crueldad e inseguridad que estamos viviendo los nicaragüenses (todos, incluyendo, y no se equivoquen, los simpatizantes del régimen) surge la pregunta de qué pretenden lograr nuestros estimables gobernantes con estas barbaridades y arbitrariedades.

Lo primero que salta a la vista es que temen enfrentarse a un contrincante de peso y con un abrumador apoyo popular en las supuestas próximas elecciones. Pero, dada la arbitrariedad de las leyes en Nicaragua y el control absoluto de los Atilas sobre los poderes del Estado (que ya no se merecen este nombre) los pudieron haber inhibido sin tener que llegar a la bajeza de encarcelarlos.

Entonces ¿qué pretenden los nuevos Atilas? ¿Mostrar su poder absoluto y arbitrario sobre el destino de los nicaragüenses? ¿Aterrorizarnos porque pueden invadir impunemente nuestras casas, golpearnos, hostigarnos a su antojo, y encarcelarnos? Posiblemente, ya que la actuación de los Atilas y sus cómplices como la Policía, la Fiscalía, y el poder judicial no tiene ninguna lógica ni justificación.

Pero deben tener mucho cuidado con lo que están haciendo. Llega un momento en que el vaso se derrama, la paciencia se agota, la indignidad supera al miedo, y la chispa se enciende.

Ojalá nuestros estimables gobernantes recapaciten y rectifiquen antes de que el vaso se derrame.

El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada

Opinión arbitrariedades FSLN archivo
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