Don Enrique Bolaños Geyer, el último de los presidentes democráticos que ha habido hasta ahora en Nicaragua, falleció en la noche del lunes 14 de junio después de 93 años de vida intensa y fecunda.
En el libro de historia nacional que escribió don Enrique, titulado La lucha por el poder. El poder o la guerra, el acucioso expresidente de Nicaragua escribió que el ADN cultural y político de los nicaragüenses “está esencialmente integrado por las dos principales raíces aborígenes que encontraron los conquistadores españoles”, los nahuas y los chorotegas. De los nahuas, dice don Enrique Bolaños Geyer, “heredamos la tendencia autoritaria, dictatorial, codiciosa y violenta… Y de los chorotegas una concepción civilizada del Estado y sociedad, quienes se gobernaban por un consejo de ancianos escogidos por votos y estaban más al servicio de la comunidad”.
Sin duda que don Enrique fue un presidente de Nicaragua chorotega. En su gobierno no hubo presos, perseguidos, torturados ni asesinados políticos. Él no era un político militante. Se involucró en la política cuando la dictadura sandinista de los años ochenta le confiscó sus propiedades y lo encarceló dos veces, porque como líder empresarial denunciaba los abusos del poder. Quiso ser candidato presidencial para las elecciones de 1990, pero la Unión Nacional Opositora (UNO) escogió a doña Violeta Barrios de Chamorro, quien derrotó a Daniel Ortega. Sin embargo, en el siguiente período presidencial don Enrique fue vicepresidente de Nicaragua, durante la administración presidencial de Arnoldo Alemán. Y después fue presidente de la República, en el período de 2002 a 2007.
Don Enrique fue un gran Presidente, honesto, implacable luchador contra la corrupción, visionario y audaz emprendedor. Impulsó el desarrollo económico y dejó las cuentas del Estado sanas y prósperas, a pesar del sabotaje del FSLN de Daniel Ortega y del PLC de Arnoldo Alemán, que intentaron derrocarlo tres veces pero no pudieron lograrlo.
Para su infortunio, a don Enrique le tocó entregar la Presidencia de Nicaragua a Daniel Ortega —el presidente chorotega al presidente nahua—, quien ganó las elecciones de noviembre de 2006 con solo 38 por ciento de los votos, porque el pacto con Arnoldo Alemán redujo el porcentaje necesario para ganar la elección. Además, Ortega pudo restaurar el régimen autoritario porque Alemán y el PLC también le dieron el control de los otros poderes del Estado.
Al dejar la Presidencia, don Enrique rechazó la curul de diputado que le correspondía como expresidente saliente, un privilegio corrupto acordado por los partidos de Ortega y Alemán. Don Enrique se retiró de la política y al final de su vida solo firmó las declaraciones de la Iniciativa Democrática de España y las Américas, integrada por 37 exjefes de Estado y de Gobierno para defender la democracia.
Don Enrique deja un gran legado a Nicaragua: sus logros presidenciales, el ejemplo de su honestidad política e integridad personal, su pasión por la transparencia, su Biblioteca Virtual que es un tesoro de información y cultura al servicio de los nicaragüenses. Y también su magnífico libro de historia, que es un valioso aporte al conocimiento y comprensión del camino seguido por esta nación que continúa soportando la tiranía y luchando por la libertad.
Lamentablemente, el presidente chorotega que fue don Enrique no pudo ver el final del tirano nahua, que es Ortega.