La unión, en el Chipote

La redada policial del pasado fin de semana fue solo de dirigentes políticos de izquierda.

De hecho, el partido de izquierda Unión Democrática Renovadora (Unamos), como se llama ahora el antes Movimiento Renovador Sandinista (MRS), ha sido descabezado por la represión. Fueron encarcelados su presidenta, Suyén Barahona y su vicepresidente, el excomandante guerrillero y general de brigada en retiro del Ejército Popular Sandinista, Hugo Torres Jiménez. También cayeron en la redada la excomandante guerrillera y antigua heroína sandinista, Dora María Téllez; la expresidenta del partido, Margarita Vigil; Tamara Dávila y el exvicecanciller del régimen sandinista de los años ochenta, Víctor Hugo Tinoco.

Los presos políticos de izquierda se suman a los cuatro precandidatos presidenciales encarcelados días atrás: Cristiana Chamorro Barrios, Juan Sebastián Chamorro, Arturo Cruz y Félix Maradiaga; así como a los dirigentes opositores también reducidos a prisión y —lo mismo que los anteriores— acusados por el régimen de cometer graves crímenes políticos: Violeta Granera, José Adán Aguerri y José Pallais; y a dos exfuncionarios de la autodisuelta Fundación Violeta Barrios de Chamorro que dirigía Cristiana Chamorro: Marcos Fletes y Walter Gómez. Además, en las cárceles permanecen otros 125 prisioneros políticos —entre ellos cuatro mujeres y una persona transexual—, algunos desde hace varios años.

Con la redada del fin de semana pasado que fue exclusiva de dirigentes del partido político de izquierda Unamos, ha quedado claro una vez más lo que enseña la historia nacional: que la represión no hace distinción ideológica de adversarios o enemigos de izquierda y derecha; que la única línea divisoria política que hay en estas circunstancias es entre dictadura y democracia; y que los políticos opositores no son capaces de unirse ni siquiera para defenderse mejor de un poderoso e implacable enemigo común.

Pero la unión que los opositores no pudieron o no quisieron hacer para formar una gran alianza electoral de todos los movimientos democráticos, de derecha y de izquierda, la han tenido que hacer, de hecho, en la cárcel.

Esta trágica situación que está sufriendo la oposición de Nicaragua nos hace recordar un histórico editorial escrito por el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y publicado en LA PRENSA del martes 27 de septiembre de 1966, titulado “La Unión será en la Zaranda”.

La zaranda era una camioneta cerrada con cedazo y barrotes que utilizaba la Guardia Nacional para llevar a la cárcel a los presos de toda clase, incluyendo a los políticos. Como los líderes opositores de distintos partidos y tendencias ideológicas no se unían para impedir que el general Anastasio Somoza Debayle tomara el poder en las elecciones de febrero de 1967, el doctor Chamorro Cardenal les recordó en su editorial que en la cárcel los presos políticos de todos los signos ideológicos se unían para ayudarse mutuamente y sobrevivir. “Pero afuera… no hacemos lo mismo. ¡Qué bárbaros somos!”, exclamó el doctor Chamorro Cardenal, infatigable luchador por la unidad de todos los opositores para enfrentar a la dictadura y lograr la democracia.

Pero los políticos no aprenden de la historia. Y así como antes los opositores solo se unían por fuerza en la zaranda y la cárcel somocista, ahora algunos lo hacen en el Chipote.

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