Las ideas no se imponen, se exponen. El ser humano debe respetarse y respetar. Han pasado décadas y décadas, y, nunca acaba la inconformidad en todo. Qué vaina más aseada. Qué pena. Lo que está atravesando nuestra Patria, le da vergüenza este laberinto.
Viendo desde el pasado encontramos cuántos presidentes ha tenido Nicaragua, los cuales han sido administradores de los bienes del pueblo, y funcionarios públicos, no dueños del suelo patrio. La patria, es entendible, es de todos. Y que todo es propiedad del pueblo, el que con su voto universal y directo elige a quién va administrar sus bienes.
Tengan cuidado, el pueblo no perdona. Hay que abandonar de la mente, seguir pensando y actuando como que el pueblo nicaragüense es borrego. Cuando este se subleva es de verdad. Se respeta sus derechos y por supuesto tiene obligaciones.
Rubén Darío en una obra Antología y Versos, en una estrofa del poema Lo fatal dice: “Lo que no conocemos y apenas sospechamos,/y la carne que tienta con sus frescos racimos,/y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,/¡y no saber adónde vamos,/ni de dónde venimos!…/ (Pág. 164. Editorial Limusa SA de C V 1991). Claro. Sospechamos desde nuestros asientos que nos aguarda una tumba y no sabemos hacia qué surco del camino vamos. Ojalá, vayamos por buen camino, eso a simple vista se lee, vamos bien. Pero. Es el tiempo el que dirá la verdad.
Veamos y encontraremos que por la patria han pasado muchos gobernantes y políticos, y en su momento les llegó el turno de irse. Nada es eterno, un día todo se acaba. Unos vivimos, otros morimos. No hay nada que temer, de eso se compone esta vida. Ni modo. Y, sospechamos, suponemos, especulamos y presumimos, desde nuestros asientos que hay verdades evidentes, y otras que no son. Las realidades que vivimos en la actualidad parecieran ilusión, simulación. Lo importante es que desde la lectura que se haga, de toda la diversidad de realidades que vemos, oímos, leemos, desde las “plataformas digitales, cables televisivos nacionales e internacionales”. En ese mamotreto, se lee una clásica simulación. Mientras no esté certificado todo en un 100 % no se puede creer. Todo cae en un vacío.
La obra Popol Vuh expone: “Por mí caminarán y vencerán los hombres. Porque de plata son mis ojos, resplandecientes como piedras preciosas, cómo esmeraldas; mis dientes brillan como piedras finas, semejantes a la faz del cielo”. (pág. 34 Editorial Educa. Décima edición). En ese sentido, los “hacedores de políticas” creen son los “dioses”, que todo lo saben. Deberían, reconocer, que el pueblo es el sabio, se deben a este, sin sus expresiones, no son nada. Recuerden “estos y aquellos”, que por el son, y es el que quita y pone. Hay que tener compasión, con el pueblo, la patria, pues, ya no aguantan tanto descontento, inconformidades, y que los usen como trapo. Hay que vivir en paz, tranquilidad.
Por tanto, el mejor partido en todos los tiempos ha sido la conciencia, que hace jugada maestra, propinando jaque mate al momento de ejercer el sufragio universal, decidiendo por quién votar y por qué votar. Ese es el derecho exclusivo que tiene el ciudadano, y el del artículo 55 de la Constitución Política, etc. Ahora veamos lo que expresa Hermann Hesse, en su obra letrística Bajo la rueda: “Del agua que mansamente corría se eleva un tenue olor a humedad; unas cuantas nubes se proyectan vagamente en la verde superficie”. (Pág. Editorial Jurídica Salvadoreña 2016). Todo esto tiene sus bemoles, en el entendido de que la verdadera verdad la tiene el tiempo.
El autor es abogado y notario público