“Tengan fe, cobren ánimo y ármense de valor”

Este viernes 11 de junio la Conferencia Episcopal de Nicaragua envió al pueblo un Mensaje de fe y esperanza, muy oportuno en los actuales momentos de gran tribulación causada por el desenfreno de la represión gubernamental y la angustiosa inseguridad ciudadana imperante en el país.

Apenas un par de días atrás habíamos dicho —al comentar el mensaje de la Comisión de Justicia y Paz sobre la incierta coyuntura política actual—, que los católicos y todas las personas de buena voluntad esperaban también un mensaje de los obispos integrantes de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

El Mensaje se ha producido y en esta ocasión —como siempre ha ocurrido en circunstancias de inseguridad y angustia nacional— los obispos han satisfecho las expectativas y atendido la gran necesidad de alivio espiritual y emocional que siente la gran mayoría de los nicaragüenses.

En los últimos días, personas muy broncas y agresivas ligadas a la cúpula del régimen han amenazado a los obispos y sacerdotes en general, insinuando o diciendo abiertamente que ellos también podrían ser encarcelados, igual que los precandidatos presidenciales democráticos y otros líderes opositores. Las amenazas son para intimidarlos y que guarden silencio, sin duda, pero no lo han conseguido.

La Iglesia católica ha hablado por medio de sus obispos, en el momento oportuno. Lo ha hecho con claridad y firmeza, pero también con su bondadoso y convincente lenguaje pastoral, sin dejarse provocar ni atemorizar. “Descartando el uso de la violencia y el odio en nuestras palabras y acciones”, dicen los prelados en su Mensaje.

“A la luz del Evangelio queremos iluminar las conciencias y señalar caminos de amor, conversión, reconciliación, unidad y esperanza, para construir una Nicaragua sobre fundamentos de paz y de justicia”, expresan los obispos. Al mismo tiempo reivindican “la validez del principio de la división de poderes del Estado”. Se pronuncian en favor del sistema político democrático. Claman contra la represión a opositores y medios de comunicación. Llaman a la solidaridad con las víctimas de la represión. Abogan por el “respeto al voto del pueblo para que, como resultado de elecciones libres y transparentes, surja un gobierno elegido por el pueblo soberano”. Y ante las tribulaciones del momento invocan el Salmo 31,24, que dice: “Cobren ánimo y ármense de valor, todos los que en el Señor esperan”.

El Mensaje de los obispos en el que también convocan a una gran jornada especial de oración “para que nadie nos quite la esperanza”, es un bálsamo espiritual para el pueblo adolorido. Ojalá que también tuviera el efecto milagroso de apaciguar a quienes de la boca les salen abundantes palabras religiosas, mientras llevan al sacrificio neroniano de la represión a los verdaderos cristianos. Igual que hace dos mil años.

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