Indispensable y necesario al abordar sobre el tema de los partidos zancudos, cabe hacer referencia que su origen proviene de la existencia del caudillo o dictador en el poder, y la coexistencia de los políticos serviles que anidan a sus alrededores de manera despreciable como desvergonzados rastreros. Elementos que desgraciadamente son parte de nuestra cultura política. Políticos miserables y amorales que desarrollan una disposición incondicional al personaje líder en el poder, en el que este, los somete a sus voluntades caprichosas en pro del mantenimiento del poder, principalmente en la realización de los fraudes electorales.
Pero como los tiempos cambian, y los tales líderes (caudillos/dictadores) para mantenerse en el poder se han visto precisados guardar las apariencias de sus verdaderos intereses, disfrazan tener oposición en los procesos electorales cumpliendo con los requisitos de estar en un orden democrático, y poder hacer sus “fraudes legales”. Aquí es donde entran esos tales políticos que antes nos hemos referido, que potencializan sus ambiciones, pero de forma institucionalizada como partidos políticos, conocidos aquí en Nicaragua como los famosos partidos zancudos, llamados así por su característica fundamental de chupar recursos provenientes del Estado, garantizados por el líder sea mediante cuotas de curules que originan nepotismos, o beneficiándolos mediante contratos preferenciales sin rendiciones de cuentas o favores especiales.
Los partidos zancudos son pequeños, son partidos de incurables enanismos crónicos, cuyo grupo de zánganos organizados alcanzan en un sillón, en el que viven o se activan solo el tiempo de las elecciones, no satisfacen los requisitos de ley, sin embargo se ufanan por creerse estar bendecidos por el líder del régimen y ser de su corte; se prestan a ser tontos útiles y prestos colaboran de ilegalidades. En la actualidad al caudillo que encabeza el partido su interés es tener el sello para recibir primero y más, reciente caso en el PLC entre María Haydée Osuna y María Fernanda Flores. Los mueve comer al menos un pedacito del pastel. Su draculismo es voraz. En ese afán hacen mucho daño, y el “líder gobernante” los manipula, los utiliza para confundir, para engañar, para infiltrarlos en la verdadera oposición.
Llamativo es que el régimen actual con la reforma retrógrada que impuso, piensa premiar a los partidos zancudos, al permitir sin requisito alguno de obtención porcentual de votos obtenidos, tener derecho a reembolso de gastos de campaña, donde se estima que sean en total 23 millones de dólares o sea más de 800 millones de córdobas. ¡Vaya botín! La primera chupada por los partidos zancudos. La charanga inicia y sabiendo el régimen que necesita para aparentar, le ha garantizado tenerlos aceitados, y se prepeó para que desde el inicio estén felices. Contraloría, bien gracias.
Si bien los partidos políticos son fundamentales en el orden democrático en que nos desarrollamos, pues en principio es la forma institucionalizada en que se nominan y se eligen a nuestros gobernantes, el pueblo ha perdido la confianza en ellos, y están sumamente desprestigiados porque estos, sean de izquierda o de derecha, como el FSLN, PLC, PCN, MRS, PSC entre otros, ni han estado a la altura velando por los intereses nacionales, ni han cumplido en absoluto con los propósitos y programas de sus estatutos en beneficio de la ciudadanía. Los intereses de la nación les vale un pito, al solo velar por sus intereses de cúpulas, olvidándose de garantizar cuando suben al poder, sus dirigentes sean servidores en pro que la ciudadanía en general para que estos tengan progreso y justicia social ecuánime.
Los tales partidos zancudos son el acabose ante el papel que juegan al no guiarse por normas y principios morales. Los dirigentes de estos partidos zancudos se caracterizan por actitudes sin mayores conductas éticas y morales; son desvergonzados valiéndoles un pito la ciudadanía, por lo que cabe, una vez identificados deben ser tirados o desechados como excrementos políticos y sus miembros directivos desconocidos como lacras políticas.
El autor es escritor.