Este lunes 31 de mayo se venció el plazo que puso la Asamblea General de la OEA, para que en Nicaragua se implementaran “los compromisos concretos de reforma electoral, en particular la modernización y reestructuración del Consejo Supremo Electoral… conducentes a (celebrar el 7 de noviembre) elecciones libres, justas, competitivas, observadas y legítimas”. Pero no hubo reacción en la OEA por ese vencimiento, ayer fue día de asueto para ella por la celebración en Estados Unidos (EE. UU.) del Memorial Day, o Día de los Caídos.
La Asamblea General de la OEA dispuso el plazo mencionado, en los puntos 4 y 5 de su resolución sobre Nicaragua del 20 de octubre del año pasado titulada “Restableciendo las instituciones democráticas y el respeto a los derechos humanos en Nicaragua a través de elecciones libres y justas”. En esa resolución la Asamblea General pidió al secretario general de la OEA, Luis Almagro, que apoyara “negociaciones inclusivas y oportunas entre el Gobierno de Nicaragua y los actores nacionales que representan a la oposición”, sobre las reformas electorales que se necesitan para que las elecciones de noviembre en este país sean “libres, justas, competitivas, observadas y legítimas”. Y le solicitó que informara periódicamente sobre este proceso.
Pero no hubo las negociaciones inclusivas y oportunas que recomendó diplomáticamente la Asamblea General de la OEA. Lo que hizo el régimen autoritario de Daniel Ortega fue imponer unas contrarreformas electorales regresivas, acompañadas de leyes más represivas y la integración de un nuevo Consejo Supremo Electoral más sumiso que el anterior. Al parecer con el dictador de Nicaragua no vale la diplomacia multilateral, ni la unilateral.
De manera que Almagro no tuvo que presentar ningún informe periódico. Sin embargo, el 6 de mayo recién pasado la Secretaría General de la OEA dio a conocer un comunicado “sobre (la) elección de magistrados del CSE y reforma electoral en Nicaragua”, que según el Secretario General “erosiona, en lugar de fortalecer, un proceso político pluralista que conduzca al ejercicio efectivo de los derechos civiles y políticos de la población”. Una semana después Almagro fue más contundente. El 12 de mayo, en una sesión del Consejo Permanente de la OEA declaró que “Nicaragua no cumple con los elementos esenciales de la democracia representativa. En el marco de la Carta Democrática Interamericana, esto constituye una alteración del orden constitucional que afecta gravemente el orden democrático del país”, señaló el secretario general. Y advirtió que Nicaragua “se encamina a la peor elección posible”.
En realidad, que hubo asueto en la OEA el día que se venció el plazo para las reformas electorales democráticas en Nicaragua no significa que se ha perdido interés en la tragedia electoral nicaragüense. La diplomacia trabaja silenciosamente y se conoce que la posición contra Ortega está ganando votos en la OEA. Es muy probable que en su 51 reunión que debe celebrar en Guatemala antes de que termine este año, la Asamblea General tenga que declarar que las elecciones de Nicaragua no fueron legítimas ni válidas y decida aplicar lo conducente de la Carta Democrática Interamericana.