Antes de analizar las tres opciones a las que estaremos enfrentados en las votaciones del próximo 7 de noviembre, quiero compartirles un párrafo del magnífico escrito de Fabián Medina, el pasado 27 de mayo. Él lo tituló: “la ruta; al final la ruta está quedando clara nos expone; si el régimen no quiere que la gente salga a votar, hay que salir a votar; si al régimen le aterra la unidad opositora hay que unirse; si al régimen le incomoda un candidato único, hay que escoger un candidato único, porque lo peor que podría hacer la oposición es comportarse al gusto de Ortega para no irritarlo y así evitar las represalias y llegar vivos, pero maltrechos, a unas elecciones que en desunión, harían más daño que bien a Nicaragua”. He querido compartirlo porque es la reflexión más sencilla, pero más realista que he leído sobre lo que el pueblo espera de los políticos en las próximas elecciones.
Ahora permítanme exponerles mi opinión sobre votar, no votar o denunciar el fraude. Inicio con la opción de votar. En las últimas seis elecciones el voto del pueblo no ha sido contado, pues los resultados los ha maquillado a su antojo el Consejo Supremo Electoral (CSE) del régimen y la asignación de escaños a la oposición ha sido la tónica. Nada me indica que por la ruta que actualmente transitamos, vaya a ser diferente en esta ocasión. Ahora analizo las consecuencias de no votar. Como expuse anteriormente, en las pasadas seis elecciones el voto de los nicaragüenses no ha tenido ningún valor, pues el régimen con su CSE acomoda el voto a su antojo y de las dos opciones (votar o no votar) las dos lo tienen sin cuidado a Daniel Ortega. Lo que le ha interesado y le sigue interesando al régimen es que los partidos que participan en el proceso acepten las curules que les asigna, con esa práctica ha logrado mantenerse en el poder hasta el día de hoy.
Nos queda la opción de denunciar el fraude y solicitar a la comunidad internacional que desconozca el resultado de unas elecciones que se vislumbran a todas luces ilegítimas. Esta opción jamás se ha intentado, pues siempre la complacencia de los resultados fraudulentos por parte de los candidatos y los partidos que han participado en dichas elecciones, han adormecido el descontento popular. La siguiente pregunta es: ¿qué hace a esta elección diferente a las demás? Para mí, la diferencia radica en los acontecimientos que se vivieron en abril del 2018, los casi quinientos estudiantes asesinados vilmente por la dictadura, la brutal represión contra la población civil, los cientos de encarcelados con la complicidad de la Policía y el poder judicial, las más recientes leyes draconianas con el único propósito de facilitar el fraude, la defenestración irracional de dos partidos políticos, la persecución a los precandidatos presidenciales y la infamia más reciente, el acoso a Cristiana Chamorro.
Todo lo anterior me indica sin lugar a dudas, que estamos ante unas elecciones fraudulentas en las que el régimen se está fabricando una vez más una oposición a su medida. Lo peor de todo esto es que vislumbro una oposición además de complaciente, cómplice y únicamente con la participación de candidatos que no inspiran confianza. Mientras todo esto sucede a lo interno, la comunidad internacional nos está dando claras señales que se preparan para desconocer los resultados del fraude, algo que les será difícil por la complicidad que están demostrando nuestros políticos.
Para finalizar, puedo asegurarles que no habrá unidad, que correrán tres o cuatro partidos “opositores”, que una vez más aceptarán la derrota y se conformarán con las curules que les asigne el dictador. Por ello, mi opinión es que junto a ese 71 por ciento del pueblo que no cree en el dictador ni en sus cómplices, debemos prepararnos para en una sola voz, denunciar ante el mundo la ilegitimidad de estas elecciones. Sin olvidar que tan ilegítima será la reelección del dictador, como las curules que les asignará a los traidores a la democracia.
El autor es comentarista político.