Como dijo MacArthur, «nada sustituye a la victoria». Y tampoco es que las buenas presentaciones sirvan de consuelo cuando no se consigue el triunfo, sin embargo, a lo largo de ocho entradas, antes de aflojar al final, Nicaragua se vio a la cara con Estados Unidos, un equipo superior y que dio siempre una sensación de seguridad absoluta.
Esta noche en Port St Lucie, Florida, ocurrió lo previsto: ganó Estados Unidos, equipo que logró una mezcla precisa de experiencia y juventud como para presentarse en el terreno de juego con mucho equilibrio, precisión y solvencia, y así resolver a la tropa pinolera, aunque el marcador (7-1) que quizá no refleje lo que pasó en el terreno.
Estados Unidos ganó porque en efecto es un mejor equipo, porque Matthew Liberatore exhibió parte del arsenal que debe llevarlo a escribir una importante historia en las Ligas Mayores, pero además, porque el bullpen no dio chances y porque Luke Williams, junto a Jared Durán y Mark Kolozsvary, quien dio jonrón, lideraron un profuso ataque.
Sin embargo, con desajustes en el control del abridor Carlos Teller e imprecisiones en el corrido de las bases, la tropa nica también facilitó el camino a los estadounidenses, quienes atraparon a Juan Diego Montes entre home y tercera en el segundo inning y a Brandon Leytón en tercera, en el tercero, luego que intentó convertir en triple un doble.
Nunca sabremos que pudo haber pasado con Montes a salvo en tercera. Ahí la presión se habría incrementado para Liberatore. Igual quedará sin respuesta la inquietud de lo que hubiese venido después del doble de Leytón, cuando despuntó el inning con su cañonazo que por poco se lleva la cerca. El empate parecía inminente, pero no llegó.
Y si a eso le sumamos la atrapada de Eddy Álvarez sobre el proyectil de Ismael Munguía en el quinto, después del doblete de Benjamín Alegría, la intriga se incrementa. Álvarez fue tras el metrallazo de Munguía y lo engarzó en una jugada acrobática que cortó la inspiración nica. Ahí la pizarra se estrechaba 3-2 y pudo cambiar la perspectiva.
No obstante, nada de eso sucedió y al final, la presión terminó por agobiar a los nicas, quienes resistieron con un manejo preciso del pitcheo por parte del mánager Marvin Benard, antes de que Osman Gutiérrez se descontrolara en el noveno y Estados Unidos lo desestabilizara con un squeeze play que nos sacó totalmente del partido.
No sé usted, pero estoy entre quienes creen que la Selección hizo un papel decente esta noche. Pensé que la pizarra sería más desnivelada y que al final, el equipo estaría afectado anímicamente para el encuentro de mañana ante Puerto Rico, rival al que se mide este martes a las 11:00 de la mañana.
Ahora creo lo contrario: que Nicaragua salió con más confianza en sí misma y hará un buen trabajo ante los boricuas, ante quienes se tienen buenos antecedentes. Pero por ahora, hay que admitir que Estados Unidos impuso su clase, aunque sin estridencias, ante los nicas.