Un aniversario particularmente doloroso

Este domingo 30 de mayo, Día de la Madre nicaragüense, se cumple el tercer aniversario de una de las peores matanzas perpetradas por una dictadura en la historia nacional.

Ese funesto día —el 30 de mayo de 2018—, francotiradores asesinos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo se apostaron en el techo del Estadio Nacional de Beisbol, desde donde dispararon sus poderosos fusiles de guerra de largo alcance, selectivamente, contra participantes en una multitudinaria manifestación política de personas pacíficas y desarmadas, denominada previamente por sus organizadores como la “Madre de todas las marchas” contra la dictadura.

El exmagistrado sandinista Rafael Solís denunció públicamente, con pleno conocimiento de causa, cómo los fusileros asesinos del régimen dispararon a matar contra los manifestantes inermes. Solís pertenecía a la cúpula de la dictadura y era el principal operador político de Daniel Ortega en el poder judicial, pero desertó a principios de enero de 2019 y se refugió en Costa Rica. De manera que él tuvo pleno conocimiento de la acción de exterminio ejecutada por el régimen orteguista contra la insurrección de abril y las protestas pacíficas posteriores.

El 19 de abril de este año, 2021, en ocasión de conmemorarse el tercer aniversario de la insurrección democrática de 2018, Solís reiteró ante diversos medios de comunicación en San José de Costa Rica la denuncia que hiciera en enero de 2019 y esta vez dijo lo siguiente:

“Yo me leí todos los dictámenes antes de renunciar y lo que más me impactó fueron los francotiradores tirando directo a tres lugares: a la cabeza en la parte del cerebro, a la nuca o la parte frontal del cuello, o tiraban al corazón. Y la gran cantidad de dictámenes de Medicina Legal, a lo cual tuve acceso porque yo era magistrado y podía pedirlo (…), sí estableció ese tipo de procedimiento que te indica que hubo una dirección (orden) de asesinar a estos muchachos…”.

Las declaraciones del exmagistrado sandinista confirmaron la denuncia de los organismos internacionales de derechos humanos, de que el régimen de Daniel Ortega cometió delitos de lesa humanidad en la sangrienta represión contra las protestas de 2018. Esas declaraciones tendrán que servir para que en el futuro, ojalá que lo más pronto posible, una investigación independiente conduzca a que se haga justicia, que se castigue a los asesinos y se reparen los graves daños morales causados a las víctimas sobrevivientes.

Claudia Paz y Paz, de Guatemala, una de las cuatro personalidades que integraron el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que investigó y recopiló información fidedigna sobre aquellos hechos trágicos, dijo en 2019, en el primer aniversario de la matanza del Día de las Madres, que ellos comprobaron que el ataque armado contra la marcha cívica del 30 de mayo de 2018 no fue un hecho esporádico ni aislado, sino una acción coordinada “dirigida a matar”. Eso no puede ni debe quedar sin castigo.

En todas partes del mundo el Día de la Madre es una celebración festiva muy alegre. Así era también en Nicaragua, hasta 2018, cuando la dictadura la convirtió en jornada de luto por una matanza que jamás podrá ser olvidada, ni los asesinos perdonados.

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