Cuando aquella tarde del 25 de febrero de 1990, Antonio Lacayo (q.e.p.d.) recibió la llamada del expresidente Carter, tipo 2:30 p.m., según relata en “La Difícil Transición Nicaragüense”, para que tomara la complicada decisión si el proceso de votación era o no cancelado por las anomalías detectadas, Toño, como se le conocía popularmente, llevaba un “as” bajo su manga, una información tan valiosa que pese a la presión del momento y múltiples consideraciones, definitivamente lo enfocó para tomar la mejor decisión para Nicaragua.
Escribió: “En ONUVEN me confirmaron que habían recorrido el país en helicópteros y habían divisado desde el aire las ciudades, sus barrios, y los caseríos en el campo, llenos de largas filas de gente votando desde la madrugada, filas inmensas, silenciosas y ordenadas”. Definitivamente, esta información tan valiosa reafirmó la tesis que “si la votación era masiva ganábamos”. Aun sabiendo que si había fraude, la guerra continuaría, las largas filas de votantes animaron en la decisión crucial y confió en la sabiduría del pueblo, que ese día no se equivocó.
Treinta y un año después, cuando mucha agua ha corrido debajo del puente de nuestra política, al parecer agua reciclada, contrario al planteamiento de Heráclito, con los mismos vicios del pasado, nos enfrentamos nuevamente a otra elección con ribetes y pinceladas de la del 90. La tesis de don Antonio Lacayo sigue siendo válida. ¡Cuando la votación es masiva, se gana! Por eso, los mejores aliados de nuestros adversarios políticos son los que promueven la abstención. La abstención no llena filas de votantes. Sin filas llenas de votantes, no se gana.
Estamos en los prolegómenos de un nuevo reto a la sabiduría del pueblo. Dirán algunos que es la “unidad” la que pondrá las largas filas de votantes. Otros quizá crean que es la sabiduría popular, con una brújula en el inconsciente colectivo que le dice cuál es el norte electoral. En el 90, 96 y 01, pese a varias casillas, el pueblo detectó el norte electoral. No obstante, el 90 y 01 nos dan el arquetipo a perfeccionar. No basta la mera “unidad” electoral para transformar el país. Por consiguiente, el reto de la sabiduría popular es conseguir ese norte electoral sin los riesgos y gérmenes de división que produzcan un nuevo gobierno huérfano y, por ende, atado, con parálisis desde su arranque.
Es natural que nuestros adversarios pretendan como mecanismo de defensa a sus intereses desestimular que el 7 de noviembre haya largas filas en los centros de votación. En 2016 no necesitaron dividir. ¡Abstuvieron! Por eso despliegan todas sus estrategias en ese sentido. Lo que no es natural, y resulta antipatriótico totalmente, es que fuerzas que se dicen adversas al actual gobierno promuevan la abstención. Eso solo deja en evidencia el limitado alcance de lo que denominan su “lucha”. ¿Lucha por la libertad? ¿O lucha por sus cargos?
Lo importante es estar claros que el piso de 55 por ciento promedio aproximadamente de los votos del 90, 96, 01 y, sumados, 06, pueda ser alimentado con los votos de nicaragüenses comprometidos no con un partido, sino con su patria. ¡Largas filas en 2021, al igual que en el 90, que retornen una Nicaragua para todos!
El autor es presidente departamental de Estelí, Ciudadanos por la Libertad.