Represión, farsa y estupidez

La periodista y precandidata presidencial independiente Cristiana Chamorro Barrios, ha dicho que el proceso que la Fiscalía ha abierto contra ella por la acusación de lavado de dinero, es una farsa.

Cristiana tiene razón. Farsa, según el Diccionario de la RAE, es una obra teatral “desarreglada, chabacana y grotesca”. Pero también, la absurda acusación de la dictadura contra Cristiana en la que ha involucrado a otros destacados periodistas independientes, es una gran estupidez.

LA PRENSA explicó ayer en un bien fundamentado reportaje en qué consiste el lavado de dinero y lo que establecen al respecto las leyes nacionales e internacionales. Lavado de dinero es, simple y sencillamente, usar dinero y bienes materiales obtenidos mediante acciones criminales —como narcotráfico, trata de personas y corrupción, por ejemplo—, para invertirlos en negocios lícitos y hacerlos aparecer como “fruto de actividades legítimas”.

Precisamente el origen del concepto “lavado de dinero” que ahora es parte del lenguaje penal internacional, se originó en los Estados Unidos (EE. UU.) de los años veinte del siglo pasado, cuando las organizaciones mafiosas establecieron una red nacional de lavanderías para presentar como ganancias de tales negocios legales, el dinero obtenido de sus actividades criminales.

Pero los recursos utilizados por la FVBCH durante los más de veinte años que funcionó en beneficio de la prensa libre de Nicaragua, eran absolutamente limpios, provenían de donaciones de organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales, eran registrados ante el gobierno y su utilización controlada por los mecanismos oficiales correspondientes, incluyendo los encargados de prevenir el lavado de dinero y otros activos.

Los fondos recibidos y utilizados por la autodisuelta FVBCH eran tan limpios y legítimos como los que recibe el régimen de Daniel Ortega por cooperación externa, tanto de organismos financieros internacionales como de gobiernos. Sería una estupidez decir que por recibir y usar esos cuantiosos fondos externos, el Gobierno comete el delito de lavado de dinero.

Los organismos no gubernamentales (ONG), u organizaciones de la sociedad civil sin fines de lucro como también se les llama, existen en todas partes del mundo. Son reconocidos por la Organización de Naciones Unidas y muchos participan en ella con el estatus de observadores

En los países democráticos las ONG trabajan libremente y sus esfuerzos son apoyados por los gobiernos, porque captan recursos externos, con sus proyectos llevan beneficios a lugares donde no llegan los programas gubernamentales, y porque promueven la construcción de ciudadanía, velan por los derechos humanos y promueven la cultura de la libertad y la democracia.

Pero donde hay dictaduras, como es el caso de Nicaragua, las ONG son perseguidas y en muchos casos disueltas y prohibidas, precisamente porque hacen el bien. Es que dictadura no solo significa represión, sino también estupidez. Y, como advierte en un ensayo el profesor español de Teoría de la Comunicación, Antonio Fernández Vicente, la estupidez es más dañina que la maldad.

El “despotismo ilustrado” ya no existe. Ahora solo hay dictaduras brutales, despiadadas y estúpidas.

Editorial Cristiana Chamorro farsa lavado de dinero archivo
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