
La violencia continuaba. Pobladores quemaron la casa del FSLN en Altagracia, isla de Ometepe, aprovechando que participaron en una marcha exigiendo la salida de Ortega, y lo hicieron como respuesta al ataque de simpatizantes del partido de la dictadura.
El descontento social seguía manifestándose en diversos lugares. Pobladores opositores al régimen botaron tres “árboles de la vida” sobre la Carretera a Masaya. Desde que iniciaron las protestas contra el dictador, los ciudadanos habían derribado unas 30 estructuras metálicas muy criticadas por su falta de beneficio al medioambiente.
Desde afuera de Nicaragua también las voces se hacían escuchar. Bajo el lema “Por una Nicaragua libre”, la comunidad nicaragüense en El Salvador protestó vistiendo de azul, blanco y negro, por los colores de la bandera nicaragüense y por el luto ante la masacre que había dejado el régimen de Daniel Ortega.
Presión al Cosep
Los empresarios nunca se decidieron a realizar un paro nacional, por lo que autoconvocados perseguían al Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) para que se pronunciara por la realización de un paro nacional. Pobladores se plantaron en las afueras del Cosep y advirtieron que no cambiarían de posición si no había una respuesta a su demanda.
Por otro lado, los opositores se mostraron temerosos, luego que se conociera que el Ejército de Nicaragua había adquirido una nueva flota de camiones militares. La institución castrense afirmó que el lote de vehículos había sido adquirido desde hace meses, pero no ofreció mayores detalles de los mismos.
Las denuncias de oficiales de la Policía Orteguista señalaban que los uniformados eran obligados a reprimir a los opositores al régimen y que si estos renunciaban al trabajo, eran considerados «traidores», por lo que los apresaban e incluso procesaban judicialmente. Ese día una exoficial se amparó contra la Policía por amenaza de detención. María Arauz interpuso un recurso de amparo y demanda laboral en contra de la institución. Ella temía ser detenida en represalia por haber denunciado públicamente su despido ilegal.
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El expresidente de Nicaragua, Enrique Bolaños, dijo que «Daniel Ortega debe renunciar», y exhortó al dictador a dejar el poder y permitir el paso a las nuevas generaciones.