Los partidos políticos y demás organizaciones que forman parte de las dos grandes plataformas de la oposición (Alianza Ciudadana y Coalición Nacional), acompañadas por numerosos grupos opositores del interior del país, el exilio y la diáspora, se volvieron a unir y esta vez ha sido para presentar un planteamiento común a la Organización de Estados Americanos (OEA).
Una semana atrás, todas esas organizaciones y grupos dieron a conocer su primer documento común, mediante el cual rechazaron categóricamente la iniciativa de reforma electoral presentada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y exigieron “la implementación de reformas electorales acordes con las planteadas por la Asamblea General de la OEA (Organización de Estados Americanos) en su Resolución del 21 de octubre de 2020”.
Ahora, en el mensaje enviado el miércoles 28 de abril al Secretario General de la OEA, Luis Almagro, la oposición nicaragüense unida para este efecto vuelve a invocar la Resolución del organismo hemisférico emitida el 21 de octubre del año pasado, y hace a sus miembros “un vehemente llamado para que realicen todas las acciones diplomáticas que estén a su alcance”. Esto para presionar al régimen de Daniel Ortega a que cumpla su obligación nacional y su deber internacional de realizar elecciones verdaderas que garanticen el respeto a la voluntad popular.
Ha sido otra acción que muestra unida a la oposición, pero falta la principal que es la de formar la unión opositora para presentar una sola candidatura presidencial y lista única de candidatos a diputados; la unidad opositora para dar la batalla electoral con posibilidad de victoria, en el caso de que cuando sea oportuno se tome la decisión crucial de participar o no en los comicios de noviembre próximo.
Seguramente no ha sido fácil conseguir las firmas de todas esas organizaciones y grupos para respaldar los dos documentos unitarios que han sido emitidos. Pero se han puesto de acuerdo en lo más importante, como es el asunto de las condiciones y reglas para que las elecciones de noviembre sean eficaces y se pueda participar en ellas de manera honrosa. Entonces, si lo han hecho en lo fundamental y estratégico, que son las condiciones para restaurar la democracia, ¿por qué no lo podrían hacer también en lo instrumental y táctico, que es formar la plataforma electoral común de los dos grandes bloques de la oposición, Alianza Ciudadana y Coalición Nacional?
Como saben los que se interesan en las cuestiones políticas, las encuestas más serias y creíbles indican que más del 60 por ciento de los ciudadanos (o sea las personas que tienen derecho y posibilidad de votar en las elecciones) no tienen preferencia por ningún partido o alianza política. Ninguna llega siquiera al 5 por ciento, mientras que el FSLN mantiene su piso sólido de 25 por ciento.
Al parecer algunos dirigentes de la oposición creen que esa masa de más del 60 por ciento es de ellos, por la fábula de que si a los nicaragüenses se les rasca la piel aparecen el liberal y el conservador. Pero sería una insensatez apostar a eso. Si toda esa gente fuese liberal y conservadora, tal preferencia se reflejaría de alguna manera en las encuestas. Pero es al contrario. No se debería perder de vista que la política electoral no se hace con ilusiones, sino con realismo, y con los números de las encuestas que cuando menos son una buena aproximación a la realidad.