El coronel Álvaro Rivas, vocero del Ejército de Nicaragua, dio declaraciones a LA PRENSA que fueron publicadas el martes 27 de abril corriente, para refutar al exmagistrado sandinista Rafael Solís, antiguo miembro de la cúpula de la dictadura que desertó a principios de 2019 y se encuentra exiliado en Costa Rica.
Solís reiteró recientemente lo que dijera en la capital tica cuando se fugó de Nicaragua, acerca de que el Ejército supuestamente habría facilitado armas de guerra y francotiradores para la mortífera represión masiva de 2018, contra la gente civil y desarmada que salía a las calles en manifestaciones pacíficas. “Tengo la percepción de que las armas efectivamente eran armas del Ejército, eso es una cosa muy difícil de negar…”, reiteró Solís a los periodistas, en Costa Rica, el martes 20 de abril
En sus declaraciones a LA PRENSA el vocero del Ejército volvió a negar las acusaciones de Solís y aseguró que ellos, los militares, “fueron de los primeros en apoyar el diálogo nacional en abril de 2018 y posteriormente las negociaciones en el Incae”. Y sobre las personas a las que en un video que circula en las redes sociales, se les ve entrenándose militarmente con armas de guerra y vociferando consignas de respaldo a la dictadura, el coronel Álvaro Rivas dijo, tajante, que “son de la Policía Nacional”.
Como para convencer que los militares no actúan contra la población, el vocero militar dijo que “este Ejército es el pueblo mismo uniformado, trabajando en su propio beneficio”. Pero esto no es cierto. El Ejército es un órgano del Estado, como cualquier otro organismo estatal, solo que por sus funciones de proteger las fronteras nacionales y la integridad territorial del país, es una organización armada y preparada para la guerra.
Ni siquiera los órganos electivos del Estado, que tienen mandato popular directo y funcionan en nombre de la población que elige a sus miembros, son el pueblo mismo. En la Constitución de 1987, artículo 95, la primera dictadura sandinista consignó el concepto aberrante de que “el Ejército Popular Sandinista es el brazo armado del pueblo”. Pero el pueblo no tiene brazo armado, solo derechos constitucionales. Por eso, con el advenimiento de la democracia en 1990 la reforma de la Constitución de 1995 suprimió esa anormalidad y consignó en su artículo 93, que el “Ejército de Nicaragua es una institución nacional de carácter profesional, apartidista, apolítica, obediente y no deliberante”.
Este concepto civilizado y democrático sobre el órgano militar del Estado se mantiene hasta ahora en la Constitución a pesar de la resandinización del Ejército que comenzó en 2007, y de las contrarreformas constitucionales dictadas por la actual dictadura sandinista.
Por la historia militar se sabe que el concepto de “ejército nacional” surgió en Europa a fines del siglo XVIII. Al mismo tiempo, el revolucionario francés Louis de Saint Just proclamó que en Francia el Ejército era “el pueblo en armas”. Saint Just, promotor del terror revolucionario, fue guillotinado por sus mismos camaradas y el desviado concepto de Ejército como pueblo en armas desapareció, hasta las revoluciones totalitarias del siglo XX. Los Ejércitos en la democracia son constitucionalmente órganos del Estado al servicio de la nación. Pero en las dictaduras, aunque las constituciones digan lo mismo, de hecho son usados para defender a los tiranos.