Parrasio

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En la mitología griega hay dos personajes con el nombre de Parrasio. Uno es hijo de Ares, el dios de la guerra, y la ninfa Filónome, cuyo padre era un rey de Arcadia llamado Níctimo.

Por su belleza y virtudes personales Filónome fue escogida por Artemisa, diosa de la virginidad y protectora de las mujeres, para que fuera parte de su séquito. Estando en el bosque durante una cacería de Artemisa, Filónome fue seducida o violada por Ares, quien tomó la forma de un pastor para acercarse a ella. Filónome quedó embarazada, y por temor al castigo cuando iba a alumbrar fue a la espesura de un bosque, donde dio a luz a hermosos gemelos y los dejó abandonados.

Una loba recién parida amamantó a los bebés que luego fueron encontrados por un pastor, quien los llevó a su casa para que los criara su mujer. El pastor llamó Parrasio y Liscato a los gemelos y los crió como si fueran sus propios hijos. Tiempo después, al llegar Parrasio y Liscato supieron que su abuelo era el rey de Arcadia y fueron a donde él, quien los reconoció como sus nietos y les heredó el trono.

El otro Parrasio es uno de los hijos de Licaón, un célebre rey que decidió practicar sacrificios humanos y la antropofagia para agradar más a los dioses. Pero los sacrificios humanos no agradaban a Zeus, quien al saber que Licaón hacía esas cosas horrendas se enojó mucho con él y decidió castigarlo. Sin embargo, en vez de fulminarlo con uno de sus rayos como solía hacerlo, lo convirtió en un lobo. Este Parrasio tuvo un hijo llamado Arcas, quien fundó la ciudad de Parrasia y dio su nombre a la región que desde entonces se llamó la Arcadia.

El tercer Parrasio al que quiero referirme no es mitológico. Es un personaje histórico, un eximio y legendario pintor de la antigüedad griega.

El poeta, ensayista y catedrático español Jon Juaristi, ha resumido en un artículo publicado en el diario ABC de España, la historia del legendario pintor griego Parrasio de Éfeso, contada por Séneca en el Libro X de sus Controversias.

Parrasio de Éfeso era contemporáneo del filósofo Sócrates y se radicó en Atenas, donde sus pinturas se hicieron famosas. Por eso recibió de los atenienses el encargo de pintar un cuadro de Prometeo Encadenado, que debía ser puesto en un lugar prominente del templo de Atenea.

Parrasio quería reflejar plenamente el sufrimiento del titán Prometeo cuando estaba encadenado en una roca del Cáucaso y un águila le devoraba incesantemente el hígado, como castigo de los dioses por haber robado fuego del cielo para darle la inteligencia a los hombres.

Buscando el modelo apropiado, Parrias fue al mercado de esclavos de Atenas y escogió allí un prisionero de guerra fornido. Aunque ya estaba entrado en años, su rostro era un retrato del sufrimiento humano. Parrasio llevó al esclavo a su casa y se puso a trabajar de inmediato. Le ordenó que pusiera en su cara un gesto de la mayor aflicción y dolor. Lo intentó el esclavo pero no satisfizo a Parrasio. Entonces el artista ordenó a otros esclavos que torturaran a su compañero. Le obedecieron a disgusto porque se trataba de un hombre de mayor edad, pero ni así el resultado fue satisfactorio para el exigente Parrasio.

El pintor ordenó que torturaran con más fuerza al viejo esclavo, lo que motivó protestas de personas presentes. “Yo soy el dueño de este esclavo y puedo hacer con él lo que quiera”, alegó Parrasio. “Pero ¿qué es lo que te gusta? ¿El arte o el placer por el sufrimiento ajeno?”, dijo alguien a Parrasio, quien no respondió. Siguieron torturando al esclavo hasta que gimió: “Me muero”, a lo que Parrasio replicó: “Perfecto, mantente así”.

Señala Juaristi que “el rostro de Prometeo moribundo pintado por Parrasio concitó la admiración de todos los atenienses y es una lástima que la técnica de fijar los colores no estuvieran tan desarrollada en la Grecia clásica como la de la tortura, porque ni siquiera los romanos de la época de Marco Anneo Séneca pudieron contemplarlo”.

Agrega Juaristi que “en la Roma clásica era mucho peor. Los supliciados suscitaban la risa y el choteo, y ay del que no se burlaba del muerto, pues corría el riesgo de ser el siguiente”. Ludibrium se denominaba en latín a aquellas ansias homicidas que se supone en el mundo actual ya no existen. Se supone.

Opinión mitología griega archivo
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