La proliferación de candidatos en vísperas de elecciones no es un fenómeno que solo pasa en Nicaragua, pero tiene consecuencias más graves porque a diferencia de otros países, no existe la segunda vuelta. Una de las tantas ventajas que la falsa oposición le ha otorgado a Ortega con el correr de los años.
Es necesario unirse detrás de una figura única para ganar los comicios, pero para que se produzca esa corriente de aire fresco que venga a limpiar los malos y pestilentes olores, encerrados por tanto tiempo en el calabozo que es nuestro país, no basta unirse detrás de un candidato que va a terminar acobardándose.
Se necesita un candidato que pueda contrarrestar la extorsión y el chantaje político que le espera a cualquier gobierno que no sea sandinista, o gobierne bajo su control.
Un candidato que entienda el funcionamiento del arsenal saboteador del sandinismo; que sepa contrarrestar su insidiosa capacidad de agitar a sus turbas; que cuente y genere apoyo internacional en el campo democrático; alguien que esgrima una filosofía política no continuista y progresista, y posea la preparación académica y profesional para manejar los asuntos del país. Un político capaz de identificar a los elementos conectados con el Ejército y la Policía con los que se puede trabajar para institucionalizar esas organizaciones.
La Presidencia es importante (para algo más que repartir prebendas), pero más importante aún es restablecer un Estado de derecho.
De lo contrario seguiremos en manos de asaltantes de bancos y ladrones de gallinas en patio ajeno.
En las democracias verdaderas la oposición es contrapunto del gobierno. Esas son las reglas. La oposición critica al presidente, cuestiona y obstaculiza proyectos en el congreso, y censura y hasta ridiculiza al gobernante en los medios de prensa y las redes sociales. Todo eso es permitido.
Lo que no es aceptable es la extorsión desde abajo, la constante agitación con fines políticos para evitar que un gobierno se estabilice, tenga éxito y el país prospere.
Los nicaragüenses tenemos derecho a votar en noviembre (el pueblo lo demanda y la comunidad internacional lo exige), pero depende de nosotros postular al ciudadano correcto, votar con inteligencia y defender el voto si nos es arrebatado. El voto per se no basta, sino en manos de quiénes estará contarlo.
Ortega es un hombre cuyo tiempo ya pasó. Solo Ortega no lo ve, no lo quiere ver; o no dejan que lo vea. Es pólvora quemada. Pero todavía tiene mucho veneno en el aguijón. “La perra que parió ese cachorro está todavía en celo”, como diría Bertolt Brecht, refiriéndose al nazismo en Alemania después de la guerra.
El autor es abogado.