El Amor de Psique

Y además

El malogrado poeta del romanticismo británico John Keats —muerto por tuberculosis en 1821, cuando apenas tenía 25 años de edad— escribió un hermoso poema titulado Psique, que a juicio de los críticos fue una de sus mejores inspiraciones.

Psique —según Keats— es la más bella de las diosas, aunque no tuviera templo, “ni altar de flores colmado/ ni un coro de vírgenes con cantos deliciosos/ en las horas de la noche…”. Y promete, entonces, el poeta a Psique, levantarle un templo iluminado por “una brillante antorcha y una ventana abierta en la noche, por donde entre el cálido Amor”.

Se refiere el poeta al mito de Psique, la menor pero la más bella de las tres hijas de un rey de Anatolia, antiguo territorio heleno en Asia Menor.

Tan hermosa era Psique que la gente la ponderaba más bella que Afrodita, lo que al parecer hasta la misma princesa anatolita llegó a creerlo y lo repetía. Afrodita se enojó al saberlo. ¿Cómo se atrevía una mujer mortal a compararse con ella? Decidió entonces la diosa castigar a la osada doncella y envió a su hijo alado, Eros, para que la hiriera con una de sus flechas y la hiciera enamorarse del hombre más feo de aquel país.

Voló Eros a la tierra para cumplir la orden de su divina madre, buscó en su aljaba la flecha apropiada para dispararla a Psique, pero al buscar, accidentalmente se hirió con otro dardo que lo hizo enamorarse de la encantadora princesa.

Eros arrojó al mar la flecha con la que debía herir a Psique y le disparó otra para que se enamorara del Amor, que eso es Eros, quien con sus maravillosas flechas hace que las personas mortales se amen unas a otras.

Pero Eros no podía confesar a su divina madre que no había cumplido su orden. Ni tampoco quería dejar a Psique viviendo en el mismo lugar de siempre. De manera que pidió a su amigo Céfiro, el dios del viento del Oeste, que llevara a su amada a un remoto bosque donde había una cueva cuyo interior era tan espacioso y lujoso como un palacio. Unas voces dijeron a Psique que esa sería su nueva morada y por la noche llegó Eros, quien en la oscuridad sedujo con su hermosa voz a la doncella.

Psique quedó encantada, por supuesto, y pidió a su desconocido amante que le permitiera ver su rostro. Pero Eros le respondió que eso no era posible y que por su propio bien debía jurar que nunca trataría de verlo.

Pasó el tiempo y la joven se enamoraba cada vez más de su amante misterioso, al que no podía ver el rostro. Hasta que una noche, aprovechando que Eros dormía después de una intensa jornada de amor, Psique se levantó, sigilosa, encendió una lámpara de aceite y la acercó al rostro de su amante para verlo.

Eros despertó al caerle una gota de aceite cae sobre la cara y se dio cuenta del perjurio de su amada. Se levantó, dolido recriminó a Psique, le dijo que nunca más volvería a estar con él y, desplegando las alas, voló hacia el cielo.

Psique recorrió el mundo buscando a su amado pero fue inútil. Se acercó entonces a un templo de Afrodita, para pedirle compasión. La estatua de la diosa cobró vida y regañó furiosa a Psique, diciéndole que el dolor por el sufrimiento de su hijo, Eros, le había deteriorado su propia belleza.

Afrodita ordenó a Psique que bajara al mundo de los muertos y buscara a la reina Perséfone. Debía convencerla de que le diera un poco de su belleza para restaurar el daño sufrido por la diosa del amor. Ayudada en secreto por Eros, Psique logró su cometido, pero cuando iba de regreso al mundo de los vivos, la curiosidad volvió a dominarla, abrió el frasco que le había dado Perséfone del que emanó un vapor oscuro que la envolvió y la hizo caer en un profundo y mórbido sueño.

Eros acudió en auxilio de su amada, llevó su hermoso cuerpo a un lugar seguro y voló al Olimpo para pedir a Zeus que se compadeciera de su amor por Psique, que la despertara y le permitiera casarse con ella. Afrodita olvidó su resentimiento hacia Psique y pidió a Zeus que concediera a Eros lo pedido.

Zeus accedió, despertó a Psique y la inmortalizó y llevó al Olimpo como la diosa del Alma. Tan feliz estaba Afrodita que hasta bailó en la fastuosa boda de Psique y Eros, y les anticipó que por ser ellos una fusión del alma con el amor tendrían un hijo que se llamaría Hedoné, que significa Placer.

Opinión Afrodita archivo
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