«Desayuno, almuerzo y ceno con la Policía». Así es el día a día bajo asedio de la periodista Kalúa Salazar

Este viernes su vivienda amaneció asediada por al menos cinco agentes de la Policía Orteguista

Desde que la periodista Kalúa Salazar, de radio La Costeñísima en Bluefields, enfrentó un proceso judicial —en agosto de 2020, por supuesta calumnia—, la dictadura de Daniel Ortega no ha detenido el asedio en su contra. Lo ha intensificado. Desde enero hasta la fecha, la comunicadora a diario desayuna, almuerza y cena bajo el hostigamiento de la Policía Orteguista (PO). La última escena fue este 9 de abril.

A través de las redes sociales, Salazar denunció la mañana de este viernes que unos cinco uniformados se apostaron en las afueras de su vivienda con el propósito de intimidarla. La periodista denuncia que desde enero hasta la fecha el régimen mantiene asedio ininterrumpido en su casa. «Ni los días santos respetaron», dice.

«No te puedo dar un número exacto de cuántas veces han venido (la Policía), pero hay días que vienen en la mañana, otros días en la tarde, hay días que vienen en la noche o madrugada, pero en la semana vienen todos los días, ni los días feriados respetan, es un asedio permanente», declaró la jefa de prensa de radio La Costeñísima.

El día a día de Salazar

De acuerdo con el relato de Kalúa, son entre cinco y diez agentes los que a diario normalmente la visitan. Llegan, parquean la patrulla, se bajan con el arma alzada como si la misión fuese atacar a un grupo de delincuentes. Se ubican en posición de combate y aguardan detenidamente, estudian el lugar hasta asegurarse si la comunicadora está en su casa o salió rumbo al trabajo.

«Si ellos vienen y logran ver que yo estoy adentro de mi casa, entonces se quedan asediando entre una y dos horas. Pero al bajarse, aseguran la zona y ven que yo no estoy en mi casa, entonces ellos se van como en un lapso de media hora. Pero ellos llegan a toda hora y desde que se van bajando llevan sus armas arriba y no sé por qué, porque en mi casa solo mi mamá y mis niñas se quedan», detalló Kalúa Salazar.

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La misión de los agentes de la dictadura no solo es apostarse como estatua afuera de su casa. Cuando tienen la oportunidad, también la agreden verbalmente y hacen mofa de la persecución que ejecutan en su contra. «Ahí va la asediada, la hostigada, la terrorista, la criminal», le resuenan a Kalúa las palabras de los policías orteguistas. «Otros días vienen callados y permanecen solo en pie», aclara.

Acosan a sus hijas, mientras impera la delincuencia

En las últimas semanas, la periodista denuncia que los uniformados también han extendido el acoso contra sus familiares, particularmente a sus pequeñas niñas de 2 y 5 años. Si las menores juegan en el porche de su casa, los agentes les ordenan que se vayan adentro de la casa. «¿A cuenta de qué un hombre armado le va a dirigir la palabra a una niña de dos años? Aparte que mis niñas están dentro de su casa para que les digan eso», sostiene Salazar.

«Una vez que una de mis hijas estaba llorando, la de dos años, al ver la presencia de ellos, entonces uno de los policías —no sé quién porque todos se mantienen con la cara tapada— llamó por su nombre a mi hija y le dijo que dejara de llorar. Imagínate la cercanía, que hasta ya se saben los nombres de mis hijas», continuó relatando la periodista.

Cansada del hostigamiento al que es sometida a diario, la comunicadora expresó desde su cuenta en Facebook que mientras a ella la mantienen vigilada, en paralelo en la ciudad de Bluefields la delincuencia va en ascenso: robos, expendios de droga, violaciones, asesinatos, problemas en los barrios, «en fin, un sinnúmero de problemas sociales que crecen cada día y que se harán insostenible en un futuro muy cercano».

«Ilógicamente, el llamado más urgente que atiende esta criticada institución, es el que hacen fanáticos reportando un piquete exprés, una marcha o reunión de los grupos opositores, periodistas o cualquiera que a consideración de este desgobierno no comulgue con sus ideas opresivas y violatorias. Para esto sí tienen gasolina, recursos humanos, tiempo y disposición de hacerlo», refutó.

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Para Salazar, la misión de la dictadura es agotarla emocional y físicamente, porque «esto es estresante», para que desista de su labor de informar. Considera que este acoso al que es sometido acabaría si ella da su brazo a torcer y se dedica a otras actividades que no incomoden a la dictadura. Pero advierte que eso no pasará. Afirma que aunque existe temor por lo que pueda pasar, eso no impedirá a que continúe informando.

«Yo no haré eso, no voy a censurar mi voz por las violaciones que están cometiendo en mi contra o contra mi familia. Al asediarme buscan que yo me canse y diga ‘no, me voy’, pero no, nunca se me ha pasado por mi cabeza desistir de lo que hago. Así que yo, Kalúa Salazar, les puedo decir a ustedes señores (policías): se asolearán y mojaran millones de veces asediando mi casa, porque al menos que me corten la lengua (que son capaces), los seguiré denunciando», finalizó.

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